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miércoles, 10 de septiembre de 2008

NO JUGUEMOS CON LA MATERIA

El vehículo se iba desplazándo lentamente por una carretera ya apenas perceptible. Era una máquina de gran tamaño y peso, y aún así, no podía evitar aquellas fuertes vibraciones que hacían temblar toda su estructura y le obligaban a mantener aquella velocidad. Dentro de su espacioso cubículo, cuatro tripulantes seguían atentamente las indicaciones que les facilitaban unos monitores instalados sobre varios paneles; números y gráficos aparecían y desaparecían en monótona regularidad, nadie hablaba, solo se escuchaba el lejano ronroneo del motor que hacía mover aquella máquina hacia su destino. Un hombre de mediana edad con una barba de varios días y unas gruesas lentes de pasta estaba sentado en una amplia butaca en la parte de atrás y no le quitaba ojo a la información que provenía de una voluminosa máquina en forma de cubo, sujeta fuertemente al suelo. Un panel transparente permitía observar unos campos electromagnéticos que se desarrollaban en su interior creando filamentos luminosos que se entrecruzaban entre si como si de una danza se tratara; mirarlo mucho rato podía llegar a crear un efecto hipnótico, pero no era el caso para Oscar Hole, el lo había construido paso a paso, conocía cada filamento de sus sistemas y era el único que podía entender el lenguaje que aquellos relámpagos de luz transmitían.
- Arthur, aumenta la velocidad a 20 y mantengala hasta que le avise Ordenó a un hombre corpulento, cabello cortado a cepillo, que estaba sentado ante lo que padecían los mandos del vehículo
- Muy bien profesor – contestó mientras tecleaba en su monitor los nuevos parámetros de desplazamiento. – Cuanto cree usted que van a durar estas nuevas vibraciones,

Tras meditar un par de segundos le respondió – No creo que nos dejen ya, estamos entrando en la zona crítica y ahora eso solo puede ir a peor-

Volvió el silencio, los otros dos tripulantes no realizaron comentario alguno, ni tan solo apartaron la mirada de sus equipos. Oscar Hole se inclinó hacia atrás apoyándose en el respaldo de su butaca y miró por la pequeña ventana que daba el exterior, allá afuera pudo observar aquel mundo desenfocado, esta podría ser la mejor descripción para lo que iba pasando ante sus ojos. Había muy poca luz, el cielo estaba cubierto de un manto oscuro en continuo movimiento, sabía en que lugar se encontraba, pero le era imposible identificarlo, eran los Pirineos, sin duda, la situación en el mapa así lo decía, pero aquellas montañas que en aquel momento estaban cruzando parecían moverse con unos desplazamientos bruscos que le recodaban mucho a los saltos que se producen en la imagen de una televisión cuando la señal sufre interferéncias, pero ahora no se trataba de ninguna emisión lejana, estaba viendo algo que sucedía en aquel mismo momento y lugar.

Busco en el bolsillo de su cazadora y saco una foto, al mirarla se vio a él mismo, aún un niño, sentado junto a un hombre alto y delgado de aspecto desaliñado que le rodeaba con su brazo y sonreía mientras saludaba a la cámara. Su madre le había sacado aquella foto junto a su padre, durante su estancia en Toulouse; se les veía felices, quedaban lejos aún los hechos que habían desencadenado la desgracia a su familia y posteriormente la tragedia mundial que en aquel mismo momento estaba intentando evitar. Su padre era un Físico muy famoso y en aquellos tiempo formaba parte de un selecto equipo de científicos que estaban construyendo en el sur de Francia un acelerador de partículas, una inmensa máquina que tenía que permitir al mundo de la ciencia lograr grandes avances en el descubrimiento de una nueva energía limpia e inagotable. Estas fueron siempre las premisas para aquel impresionante proyecto, y en el se volcaron medios y dinero de muchos países, pero cuando estaban ya en la fase mas avanzada de su construcción, comenzaron a suceder extraños suceso que hicieron dudar a algunos de su viabilidad. Fue su padre uno de los que mas dudas empezaron a tener sobre las consecuencias del experimento y así lo hizo notar a los demás, pero las presiones eran muy fuertes y sus teorías solo eran compartidas por muy pocos miembros del equipo y aún así consideraron que las posibilidades de riesgo eran tan insignificantes que no valía la pena tenerlas en cuenta. Pero su padre Pilippe Hole, si que las tuvo en cuenta y su insistencia en ello le hizo ser despedido del “proyecto” y que le convirtieran en un paria para la comunidad científica; le desprestigiaron cruelmente con el objetivo de que nadie quisiera escuchar sus opiniones ni teorías.

Recordaba los años posteriores, el tenía 16 años y había acabado ya el bachillerato Su padre se había empeñado que siguiera estudiando aunque tuvo que hacer grandes sacrificios pero al fin pudo conseguirle una beca en una Universidad, gracias a algunas argucias y a un buen amigo que les ayudó con la condición que nadie lo pudiera saber. Fueron tiempo duros para toda la familia, nadie le quiso dar trabajo, ninguna universidad quiso tenerlo entre su profesorado y no lo supero, dos años mas tarde moría de un infarto fulminante mientras estaban en casa mirando la televisión, curiosamente en el mismo momento en que las noticias informaban de una serie de accidentes inexplicables que se estaban produciendo cerca de la ciudad de Toulusse; recordaba como se giro hacia su madre y a él, que estaban en la mesa leyendo ,y les grito “ Tenía razón, Dios mio, ya ha empezado”, no pudo pronunciar nada mas, su cara se volvió violácea, boqueo unos instantes y murió.
- Profesor Hole, mire eso - La voz de Michelle, una de los otros tripulantes, le hizo regresar de sus recuerdos. Se levanto de su butaca y fue hacia la de la mujer que le había llamado.

-Fíjese estamos solo a unos diez kilómetros de entrar en la zona oscura- Pronunció estas palabras con un ligero temblor en su voz. - Como vamos a orientarnos a partir de ahora?.

Oscar volvió a su asiento y dijo - Arthur haz detener este trasto”

Cuando el transportador se hubo detenido se volvieron los tres hacia él esperando instrucciones, se podía notar la tensión en sus rostros, eran conscientes de lo que les esperaba allí enfrente

- Bien amigos, hemos llegado al punto crítico, desde este momento el “estabilizador” va a tomar el control del vehículo, ahora nuestra obligación es controlar que nada falle y podamos llegar hasta la zona X, una vez allí ya sabéis lo que hacer

Todos movieron la cabeza en silencio.

Se que estáis entrenados para esta misión pero de ahora en adelante las cosas se van a acelerar y todo va a ser nuevo, no debemos intentar comprender lo que vamos a ver ni que ocurrir a nuestro alrededor, nuestra mente no debe dejarse llevar por la confusión, eso sería terrible, solo fijarnos en lo que nos indica nuestro guía, funcionar como una máquina y poner nuestras vidas en su manos, perdón, mas bien en sus circuitos

Forzó una sonrisa en los rostros serios que le estaban escuchando antes de que volvieran a concentrarse en sus instrumentos y en sus pensamientos. El vehículo inició otra vez su lenta y pesada marcha, pero ahora ya no era Arthur quien llevaba los mandos. Solo observaba como una mano invisible iba moviendo los mandos de control.

Fueron avanzando por un espacio cada vez mas confuso que parecía desplazarse hacia una misma dirección, todos los objetos parecían realizar este movimiento, cambiando constantemente de forma y girando como si se tratara de un inmenso tornado de centenares de kilómetros de diámetro. Oscar Hole era consciente de que era el poder de la energía de su máquina lo que les mantenía estables. Pensó en su padre, le gustaría saber lo que estaba a punto de realizar en aquel momento. Fue su padre quién vaticinó que aquel acelerador de partículas podía acabar provocando lo contrario a lo que se pretendía, se buscaba el origen de la materia, pero se habían desatado las fuerzas de la anti-materia, y se había escapado al control de los seres humanos, ahora se encontraban ante un diminuto agujero negro que poco a poco iba tragándose la tierra y todo lo que en ella habitaba

-Michele.., cuanto queda para entrar en el núcleo - Alzo la voz pues el ruido era ya tremendo
- En un minuto entramos profesor… creo que voy a rezar… poco podemos hacer ya

Solo quedaba un minuto, apenas sesenta segundos para pasar al otro lado; si sus teorías eran ciertas en un momento cruzarían hacia un espacio desconocido, a otra dimensión tal vez? Si era así encontrarían el mismo efecto pero al contrario, y allí era donde su alterador de campos magnéticos tenía que demostrar su capacidad para cerrar el agujero; si fracasaban desaparecerían sin mas, si tenían éxito nunca podrían volver.

Cuando se inició el proceso final, Oscar Hole dejó de prestarle atención a lo que le rodeaba, apretó con fuerza la foto de su padre en su mano y se pregunto a si mismo que verían sus ojos cuando volviese a mirar por la ventana del pesado y voluminoso vehículo que ya parecía flotar en un mar de materia que iba desapareciendo engullida en un oscuro abismo

sábado, 2 de agosto de 2008

PARADISSO 2.0



Era la primera vez que montaba en un cacharro de esos. Son increíbles. Todos esos botoncillos, esas palanquillas y esas lucecillas… Es como estar en una de esas películas de ciencia ficción de los años setenta.

-En breves momentos aterrizaremos en la base lunar de Paradisso 2.0. Por favor, permenezcan sentados y con sus cinturones de seguridad abrochados hasta que la nave se detenga por completo.- dijo una suave voz femenina por la megafonía de la nave.

¡Ya estaba cerca! Nunca pensé que acabaría viniendo, pero la verdad es que encontrar trabajo en la Tierra era cada vez más complicado y, cundo lo encontrabas, los sueldos eran tan míseros que rara era la vez que llegabas a fin de mes sin sufrir lo insufrible.

Hubo un ligero meneo de la nave. Sonó un “¡ping!” y se apagaron unas lucecillas en el techo del transbordador.

-Bienvenidos a Paradisso 2.0, capital del Estado Lunar. La hora local es de las 12:05 del mediodía, la temperatura exterior es de -158ºC y disfrutamos de un sol excelente típico de esta cara de la Luna. Esperamos que el viaje haya sido de su agrado y deseamos volver a verle a bordo. En nombre de toda la tripulación de la nave les deseamos una buena estancia en Paradisso 2.0.

Me habían hablado mucho de la Luna y nunca pensé que finalmente viajaría aquí en busca de una vida mejor.
Salimos por la puerta delantera y avanzamos por un pasillo hasta llegar a una Terminal donde recogimos nuestras maletas. Luego una azafata de muy buen ver nos guió hasta un trenecillo que nos llevaría a la ciudad en sí. Me senté en un sitio con ventana. Al salir de la Terminal, el tren circuló por un túnel de cristal en la superficie lunar.
Quedé absolutamente asombrado al ver ese desierto gris tan inmenso. Era sobrecogedor. Solo se veía arena gris, rocas grises, cráteres grises y, en el horizonte, montañas grises. Aquí el cielo era totalmente negro y, aunque pegaba un sol de justicia, se podían ver más estrellas de las que jamás había visto. Alucinante pensé. Absolutamente alucinante.
El tren empezó a girar bordeando una montaña en forma de trapecio y, como no, gris. Detrás de la montaña, de forma repentina, apareció majestuosa, una semiesfera de cristal de un tamaño titánico que albergaba en su interior una modernísima ciudad de color gris metálico y blanco, con numerosos rascacielos con luces de todos los colores imaginables en sus vértices… Paradisso 2.0.
Era como uno de esos souvenir a los que das la vuelta y nieva sobre una pequeña Torre Eiffel o Big Ben pero de dimensiones absolutamente sobrecogedoras.
A medida que se iba acercando el tren a la gran burbuja de cristal pude diferenciar una primera fila de edificios blancos en forma de iglú con pequeños huertos a sus lados. Sin duda esta era la zona residencial. Había oído que en la Luna el problema de abastecimiento de comida se había solucionado con cultivos urbanos en los jardines personales de los residentes. Pasradisso 2.0 era autosuficiente.¡Viva la Luna!
Detrás de estos edificios bajos, otros bastante más altos en forma de pirámide con múltiples ventanas en todas sus caras y luces fluorescentes en sus esquinas. Los talleres lunares.¡Cuánto había oído hablar de ellos!
Detrás de éstos se levantaban otros edificios de entre unos treinta y cincuenta pisos, unos blancos y otros de cristal. Los blancos no tenían paredes entre piso y piso. Parecían más bien los esqueletos de rascacielos. Entre piso y piso pude diferenciar el color verde. Esto se debería al cultivo de las planta madereras, ornamentales y comestibles que me habían contado que cultivaban también,¡seguro! Las de cristal dejaban ver en su interior la infraestructura de lo sería un invernadero en la Tierra. No dejaba de alucinar. Todos estos edificios con sus correspondientes luces multicolor en sus vértices.
A sus espaldas se erguían majestuosos unos altísimos rascacielos de muy diversas formas. El más habitual era el de platillo volante gris sujetado por un gran cilindro del mismo color cubierto de ventanas y luces en toda su superficie. Estaba también el de forma de chupa-chups, el de forma de vela de barco, llama de fuego, gota de agua, palmera, orquídea y petaca. Todas con sus luces psicodélicas, ventanas gigantes, pinturas brillantes y un aura eléctrico a su alrededor que les hacía parecer edificios divinos. Este sería el centro neurálgico de la ciudad. El complejo administrativo, económico y comercial de Paradisso 2.0.

Cuanto más se acercaba el pequeño convoy a la gran burbuja pude ver diversos carteles publicitarios llenos de neones de colorines y pantallas de plasma por varias zonas. Incluso pude distinguir anuncios donde salían personas vestidas con ese estilo tan de moda ahora en la Tierra:
poca ropa, ésta de colores blanco, azul y rojo, con cortes angulosos pero serenos. Grandes lazos o capas de color azul eléctrico a las espaldas y sombreros, gorras y peinados también angulosos y también azules. Esto si que era estilo y no su imitación en la Tierra.¡No podía esperar para comprarme mi primer conjunto!
Pero lo primero era conseguir casa y trabajo. Esto no iba a ser un problema ya que me habían informado que en Paradisso 2.0 había empleo total y que todos sus habitantes recibían una casa-huerto como parte de su sueldo. Esto sonaba totalmente como el paraíso. Una nueva vida en el paraíso, el sueño de cualquier persona de la Tierra. Y allí iba yo…

Todo habría sido perfecto. Yo habría sido un buen lunático. Habría sido feliz. Muy feliz.
Es terrible haber tenido la felicidad tan cerca y no disfrutarla. Me han puesto la miel en los labios, pero no estoy rabioso. La falta de oxígeno no me permite sentir rabia.
Los niños y los ancianos ya han caído. Solo quedamos unos pocos infelices demasiado agotados como para movernos ni tan siquiera para hablar. Solo nos acompañan nuestros pensamientos mientras nos asfixiamos en este minúsculo vagón de tren descarrilado postrado en la inmensidad del desierto gris frente a Paradisso 2.0.
Al menos puedo decir que la vista es maravillosa…

domingo, 15 de junio de 2008

Esto si es una pipa

Un destello, un estallido, un golpe y estoy de nuevo en ese lugar al otro lado. Lejos de mi, fuera y dentro de todo… como si estuviera en mi propia mente, me reflejo en mis pensamientos y me dispongo al espacio que me rodea. Ahora no se donde estoy ni donde comienzan y terminan las cosas. Lentamente visualizo mis manos, el fondo no existe todavía, enfoco pero no percibo el entorno.

Es un espacio vacío, pero se que algo me contiene, estoy seguro aunque nada se ve, es una sensación. El lugar está delimitado por paredes y algunos objetos que voy reconociendo con mis manos, pero todavía no veo nada hacia el fondo, solo mis manos que recorren las cosas que toco. ¡Ahh! esto es una mesa estoy seguro, es pesada, no puedo moverla, está suave y fría, debe de ser de metal ¿o tiene un vidrio?… la recorro buscando una silla. Debe estar cerca, necesito sentarme y esperar… no encuentro nada ¿por qué? … me alejo de la mesa pero con miedo, a tientas, no tengo referencia, nada más mis manos. No escucho nada, ¡este maldito silencio!… retrocedo encuentro de nuevo la mesa, la golpeo con los nudillos pero suave, no vaya ser que la rompa. Suena un eco corto y seco, es un espacio amplio, de eso estoy seguro… tampoco debe haber muchas cosas pues no tendría este eco sordo. Definitivamente no me gusta el estado de incertidumbre que me provoca el viajar de esta forma.

La sustancia que me inyectaron está siendo asimilada por mi cuerpo, lo denuncia este sabor amargo y pastoso en mi boca. Poco a poco se me va haciendo visible lo que me rodea. ¡Si, es una mesa! Y tengo traje. La ventana está a mi lado derecho, hay unos documentos en la mesa, parece un salón, un gran salón de esos donde hacen juntas de negocios. Comienzo a escuchar con nitidez. Viene gente… ¡vamos!, manos a la obra. La puerta es grande de dos alas y está a mi lado izquierdo. Estoy a un extremo de la mesa y la silla principal está al frente, en el otro extremo. Sobre ella en la pared un gran cuadro, una pintura de un hombre mayor, con muy buena presencia… me acercaré.

¿Puesdes verlo? Es una pintura al óleo, es un retrato de un hombre ya entrado en años, de unos 70, 75, muy bien vestido. Está sentado en un sillón con un perrito de esos de compañía, de lo más ridículo, echado sobre un cojín de terciopelo rojo con acabados en oro. El señor tiene un gran bigote, ojos profundos, un traje esmoquin y una pipa encendida en su mano derecha… escucho pasos de personas que se acercan es mejor que lo hagamos ahora, ya veré los documentos en cuanto pueda.

Es mejor que transfieran los datos, de inmediato, a mi cerebro. Inicien la transformación de mi interface e ingresen el registro multimedia necesario para expresión externa. Quedan pocos segundos… 5, 4, 3, 2, 1… ¡Argghhh! maldito dolor. ¡Ah, ah ah!

OK, el sistema está cargado. La tengo en mi mano… esto si es una pipa, huelo el tabaco, aspiro y exalo mientras van entrando mis nuevos... ¡ahora socios!
Simulación terminada exitosamente… ejem, ejem, ¡ejem!

¡Bienvenidos! … Señores, hoy es un día muy especial.

viernes, 6 de junio de 2008

La intrusión

La mañana siguiente a la fiesta me despierto en el sofá de mi casa, tarde y un poco aturdido. Mientras me desperezo contemplo la panorámica que se abre desde el salón hacia el valle. La mía es la única unidad residencial entre estas montañas. Aún no me aburre el paisaje de alta montaña, a más de tres mil metros sobre el mar, en el que pedí, hace algún tiempo, que situaran mi casa. El momento en que me canse de verlo tal vez esté acercándose; cuando llegue, simplemente solicitaré al sistema una nueva ubicación, quizás al lado del mar, en una playa larga y tranquila, tal vez unos metros mar adentro o en la propia orilla con el salón orientado hacia la línea de la espuma de las olas.
Me sorprende el suave sonido de la presurización de la puerta, mientras me estoy tomando el desayuno, aún sentado en el sofá. Al volverme hacía el vestíbulo me veo de pie, allí en la entrada, y entiendo al instante que algo va mal. ¿Qué pasa?, me pregunto. No sé, me contesto.
Me conectan al sistema de forma automática. Hay un problema, en efecto; y muy grave. La duplicidad de una persona sólo es un síntoma, algo que el sistema puede arreglar por sí mismo. La causa es algo más alarmante y peligroso.
El sistema, de forma excepcional, restablece mi estado a normal, limpia la resaca y desintoxica mi organismo para que pueda ponerme en marcha desde ese preciso instante. Subo a la terraza superior y encuentro a punto y programado mi transporte personal. En cuanto me acomodo en la butaca de control y la nave despega.

Ahora soy un rastreador y reparador. Mi nombre no es importante. Mi función actual consiste en ubicar, analizar y eliminar la excepción, el elemento extraño. El sistema es perfecto, casi perfecto, pero como todo modelo global registra a veces algún pequeño error. En teoría no es posible, pero está comprobado de forma empírica que resulta una necesidad del modelo. La posibilidad del error se revela como el único camino ineludible para conseguir la estructura completa. El sistema todavía lo está estudiando. Mientras llega a una conclusión actúa de forma puntual sobre el problema y lo elimina. El procedimiento habitual consiste en escoger como agente reparador a alguien cercano o implicado en la intrusión. Desde el instante en que me vi entrar por la puerta fui integrado por un tiempo en el sistema y voy a ejercer de agente ejecutor hasta que pueda ser solucionado el problema. Después lo olvidaré y seré tan sólo yo de nuevo. Es imposible saber si es la primera vez que esto me ocurre. En circunstancias normales nadie es consciente del sistema, ha estado siempre allí; somos nosotros o más bien la parte sensible de nosotros; el universo pensado y estructurado para la vida que queremos. Lo demás no nos importa, y ha sido olvidado hace tiempo.
El panel de control señala como destino el lugar de la fiesta, allí ha surgido el problema. Allí me conduce la nave.

Lisa es monocroma y ayer había cumplido veintidós años. La fiesta consistió en una reunión de amigos y desconocidos, en igual proporción, escogidos al azar en la Red Universal. Lisa estaba encantadora con su vestido fractal de rayas negras sobre blanco, piel desaturada y ojos grises moteados. Se movía entre los invitados, como buena anfitriona, ofreciendo sustancias, juegos y encanto. Yo me introduje entre los desconocidos con la esperanza de conocer a alguien interesante. A esta categoría aspiró durante un buen rato Selo, que se configuraba física y sexualmente en la medida de las preferencias más intimas de su interlocutor. Para mí fue una chica menuda de preciosos rasgos orientales y formas elegantes con la que debatí sobre la idoneidad de las configuraciones zoomórficas. Después la vi alejarse con Adela convertida en un chico joven, casi andrógino, de piel dorada. Adela es soñadora. Para ella la vigilia es el estado excepcional. Su vida transcurre entre sueños y es allí donde encuentra su libertad. Lo más seguro es que acabaran durmiendo juntos.
También recuerdo que estuve con Haleo, el gemelo. En realidad es sólo una persona, pero se muestra como dos; uno es elegante, amable y simpático mientras que el otro, su gemelo, es grosero y agresivo. Me alegro de que hayas venido, me dijo dándome un abrazo, va a ser una gran fiesta. ¿Porque no te pierdes?, monstruo, asustas al personal, replicó acto seguido su eco, mientras me daba patadas en la pierna. No vi en toda la noche nada que indicara la existencia de un problema.

La última vez había sido una silla, exactamente igual a las cuatrocientas cincuenta y tres que había en la platea del teatro polaco donde apareció. En el registro del sistema, al que tenía acceso mientras duraba la emergencia, también constaba un episodio con una pluma estilográfica en Nueva Zelanda, y otro anterior, con un banco en un parque de Chicago.
Cuando llego de nuevo a casa de Lisa a nadie le sorprende mi regreso. Saben que ahora no soy sólo yo, que soy algo más, aunque eso no reduce su alarma. Los invitados que quedan en la fiesta, se hallan reunidos en una de las salas más alejada de la zona de la intrusión. El pánico que producen estos incidentes hace estragos en la mente. He recibido instrucciones claras de no interactuar con ellos, ni intentar calmarles. No obstante, de refilón, puedo ver algo a lo que no estoy acostumbrado; personas paralizadas, gestos incoherentes, un volador sentado, los soñadores despiertos con ojos como platos; puedo ver su miedo, sus miradas desquiciadas. Da igual, después no recordarán nada.
El sistema me transmite las coordenadas exactas. Entro en la cocina, nada parece fuera de lugar, no veo nada extraño; sólo botellas medio vacías de todo tipo de bebidas, recipientes con comida y botes con todo tipo de sustancias. Las coordenadas señalan con precisión el rincón opuesto de la sala, debajo de una gran mesa de cristal. Cruzo la cocina hasta situarme donde pueda verlo. Es una caja de cartón, parecida a todas las demás apiladas allí debajo. Son las cajas donde venía empaquetada la comida, bebidas y demás cosas compradas para la fiesta. Concretamente es la segunda a partir del rincón, en la primera hilera; una caja vacía sin más información que la etiqueta en su lateral: zumo de pomelo y ambarina, doce unidades. A través de mí el sistema recaba todo tipo de datos sobre el objeto para su análisis; después y tan sólo durante una minúscula fracción de tiempo, hace que confluya en mí todo el poder necesario para su destrucción. Un fogonazo, un ligero mareo y todo ha terminado: la caja ya no está allí. Al cabo de unos instantes recibo los resultados del análisis que confirman el origen de la intrusión. Ningún componente era normal, no contenía ningún código, ninguna pauta ni estructura digital originada en el sistema. Su composición provenía de un orden aberrante, desconocido. Era materia orgánica de procedencia vegetal, minerales, estructuras moleculares, átomos. En definitiva: era real. Por suerte, dentro de unos segundos, lo habré olvidado todo.
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sábado, 24 de mayo de 2008

Principio de incertidumbre

La delgada y dulce Kithara apenas había empujado la puerta cuando se descubrió sorprendida por una imagen tridimensional que tardó en reconocer. “No todo tiempo pasado fue mejor…”. Éste fue el mensaje que pronunció el avatar del padre de McYourself, justo después de que ella entrara en el despacho. Al percatarse de que era tan sólo una antigua reproducción holográfica del fundador de Ensimisma, continuó en la búsqueda de aquellos archivos secretos encriptados, sin titubear. Kithara Compendium era perfecta para este tipo de tareas, era rápida, silenciosa y si querías saber algo debías contactarla a ella porque contaba con los medios más efectivos para la consulta de información.

Ensimisma es un gran edificio que alberga casi la totalidad del conocimiento del que dispone la humanidad. Gracias a esto las personas comunes ya no tienen que estudiar tanta información inútil como antaño. Ahora acceden a los datos mediante un dispositivo muy sencillo y de fácil manejo llamado Passover, que fue creado por Sir Arthur, un hombre de negocios e inventor cibernético. Passover es una pequeña esfera que se puede abrazar con una sola mano y hace las veces de control para la visualización y manejo de la interface que se conecta a Ensimisma. El acceso es instantáneo y automático y se realiza mediante una compleja red de comunicaciones que permite interactuar con los datos que están guardados y centralizados en el viejo edificio. Cada cerebro humano, cada persona recibe un implante al nacer que le proporciona un nexo con Ensimisma y, a través de ella, con todo el conocimiento del mundo. Este ambicioso sistema fue implementado a través de una política mundial aprobada por todas las naciones, desarrolladas y no desarrolladas, en el año 2025 bajo el eslogan: “Ahora, todo se sabe”.

La bellísima Kithara tardó sólo unos segundos en encontrar lo que buscaba. Los archivos estaban ahora en su poder y esto le permitiría poner la información al alcance de cualquiera. Si esto sucediera iba a suponer un cambio sustancial en la sociedad. Kithara sabía que no debía ser descubierta en el despacho y se dispuso a retirarse inmediatamente, pero cuando ya iba a abandonar el lugar la imagen de Sir Arthur se pronunció de nuevo: “Todo tiempo pasado fue mejor…”. Estuvo a punto de cerrar la puerta tras de sí pero el avatar continuó diciendo: “Esos archivos no deben salir de aquí”. Khitara se detuvo de golpe, aturdida y muy confusa. La voz era muy amable, muy segura, muy contundente. Revisó rápidamente el sistema y no encontró aviso de pérdida de información, ni señal de alarma de ningún cortafuego… sabía que no la habían descubierto.

El holograma continuó con su misiva y ahora era más claro. Era eso, sólo eso, un mensaje. “Por el tiempo que has mantenido la puerta abierta con los archivos en tu mano, puedo saber que no te has ido y que quieres escucharme”. Kithara lo sabía todo o mejor dicho casi todo, estaba claro, y escuchaba atenta pero todavía no quería cerrar la puerta. Sir Arthur continuó… “Anda, cierra la puerta y devuelve esos archivos a su sitio”. Kithara no podía dar fe a lo que escuchaba y no podía creer que una máquina tan antigua, como era ese holograma, lograra mantenerla impasible y cautiva en el umbral de la puerta, sin moverse. “… Anda confía en mí, estoy seguro de que querrás quedarte y escuchar lo que tengo que decirte”, pronunció muy seguro el holograma. Kithara, vacilante, cerró la puerta y se sentó en aquella silla que estaba justo en frente de la imagen de Sir Arthur, no sin antes revisar el sistema de alarmas nuevamente y los mensajes en clave del edificio y la ciudad. “Maravilloso, ahora estamos progresando. Como puedes ver, soy el avatar de Sir Arthur y estoy seguro de no conocerte, pues si estás escuchando mi imagen, ya he dejado este mundo físico y sólo permanecen mis creaciones, creaciones como ésta”. Mientras Kithara buscaba toda forma irregular de comunicación en el sistema, para no ser descubierta sin autorización en el despacho del propio hijo de Sir Arthur, el misterioso mensajero continuaba diciendo: “Sin embargo, no soy descortés y los buenos modales no son asunto que deba pasar de moda, ¿cuál es tu nombre?”. Kithara se quedó en silencio pensando en qué clase de sistema era ese y si debía pronunciarlo. “Anda chiquilla dame tu nombre, no temas, confía en mí”.

Se revolvió en su silla, sin saber cómo había averiguado que era una mujer pero de inmediato lo descubrió. El peso de su cuerpo y su contextura le permitían detectarlo mientras estuviera sentada en esa silla. “Dime cómo te llamas, no seas descortés, dame esperanzas de que el mundo ahora es mejor y la gente se entiende y resuelve sus diferencias conversando civilizadamente”. Kithara se sintió motivada a pronunciar su nombre y dijo: “Soy Kithara, mucho gusto Sir Arthur”. “Muy bien Kithara, encantado de conocerte y ahora que ya sabemos quienes somos, para poder seguir hablando, debo pedirte un favor. Quiero que dejes esos archivos que tienes en tu mano justo donde estaban”, dijo Sir Arthur con voz serena y cortés, pero demandante y rotunda. Kithara contestó: “Lo siento mucho Señor, pero estos archivos han sido solicitados por un usuario de la red y aunque Ensimisma desconocía su presencia no puedo negarme a entregárselos. Éste es mi trabajo y la razón de mi existencia”. El mensajero holográfico de Sir Artur dijo en tono muy suave y compasivo “…para continuar nuestra conversación y escuchar lo que tengo que decirte debes dejar los archivos en su sitio. Te invito amablemente a ponerlos allí y a que me escuches con atención”.

Khitara revisó el sistema por completo una vez más y ahora estaba segura, sabía que esta disertación era el protocolo correcto, que debía mantener el diálogo abierto con él… pero sentía que estaba tardando mucho en dar respuesta a su cliente y que su prestigio como la mejor y más rápida estaba ahora en entredicho. El comprador le había advertido lo difícil que podría llegar a ser el trabajo pero nunca imaginó que se enfrentaría a una situación tan absurda como ésta. Se percibía a sí misma como la mujer más eficaz en la búsqueda, codificación y administración de información. Había trabajado toda su vida para Ensimisma y no podía concebir que una artimaña antigua y caduca de un viejo loco, la dejara sin los archivos que tenía en las manos. Por otro lado, quería saber qué deseaba contarle este paradójico mensajero…

Kithara se levantó de la silla, colocó cuidadosamente los archivos en su lugar y regresó, pero se quedó de pie junto a la silla. Sir Arthur dijo alegremente: “Eres fantástica, todos los demás que han intentado llevarse esta información se han resistido a devolverla durante mucho más tiempo que tú y no me han permitido continuar con la conversación. Te ruego que te sientes de nuevo y escuches, pero antes que nada quiero agradecer tu amabilidad y disposición al diálogo”. Kithara se sentó y repuso: “Espero que lo que tenga que contarme sea tan importante como lo es para usted el secreto de esa información. De lo contrario me iré sin más y con sus archivos en mi poder”. “Espero no defraudarte” dijo el mensajero y prosiguió.

“Soy el avatar de Sir Arthur y he estado aquí desde hace mucho tiempo, en este espacio, resguardando el secreto de estos archivos. He sido diseñado cuidadosamente para no perder el legado vital de la existencia humana, la capacidad de sorpresa, la necesidad de conocimiento, el manejo de la incertidumbre, el diálogo, la conversación, el intercambio y muchas otras cosas que Ensimisma no proporciona. Represento el deseo inalcanzable de los hombres, aquello que escapa a su conocimiento y mantiene la incertidumbre del destino, aquello que aviva la esperanza… tú, no eres más que una herramienta de los hombres para encontrarme, para discutir conmigo, para persuadirme e intentar develar el secreto, lo prohibido, lo inaccesible. Siento mucho que descubras tu verdadera función en el sistema. Eres una réplica mejorada de las ya viejas y caducadas herramientas de codificación, administración y búsqueda de datos. Siento mucho no poder entregarte exactamente lo que buscas. Talvez te conformes con saber que no eres humana, que no eres aquello que creías, que has sido engañada por tus creadores para tratar de encontrar y acceder a la información de Ensimisma sin prejuicios… y, sin embargo, lo has hecho mucho mejor que otros… otros que no se han detenido en su intento de saberlo todo. Gracias por tu tiempo, por tu presencia y por sentarte a conversar conmigo hasta que decidas irte”.

Mientras la creación de Sir Arthur continuaba su discurso, Kithara intentó levantarse pero su voluntad estaba rota, su destino condicionado y su existencia perdida en un sinsentido. Quiso hablar pero no pudo. No había palabra que saliera de su boca. Trató de recobrar toda la información que había pasado por ella y se sumergió en el sistema en un último gesto por retomar el control, pero ya no encontró referencia alguna de sí misma. Se quedó allí sentada sobre la silla, inmóvil, con la vista al frente como escuchando, como viendo pero perdida y desapercibida. Sus ojos sin brillo y su cuerpo estático sufrieron un espasmo, luego otro, otro más y un corto e intenso instante de luz. Sir Arthur se quedó en silencio de inmediato.

Para Ensimisma, Kithara Compendium había desaparecido del sistema 11 minutos antes... no era un error. Ensimisma sabía exactamente dónde estaba y, al mismo tiempo, a qué velocidad se movía cada uno de sus individuos. Kithara se convirtió en una distorsión para el sistema. ¿Dónde está algo que desaparece? en el único lugar en donde el sistema no tiene control. En el fondo no hay posibilidad de encontrarla, su posición está indeterminada. Ella es indeterminación.