Mostrando entradas con la etiqueta realismo sucio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta realismo sucio. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de febrero de 2009

00:43:39

Adrián esta sentado en el sofá de su pequeño estudio, frente a su pequeña televisión, con su pequeña polla, arrugada y desinflada, aun agarrada por su mano izquierda, su mano buena. La mano goteando, parcialmente cubierta por el semen de su reciente corrida. Sus ojos abiertos como platos. Su boca entreabierta. La cinta que estaba visionando ya ha legado a su fin y en la pantalla negra solo unos números en la esquina inferior derecha: 00:43:39. Se encuentra en estado de shock después de presenciar lo que había grabado en aquella cinta.
“Luisa…”piensa.
Al rato sale de su parálisis, coge el clínex del sofá a su izquierda, se limpia la mano. Se intenta limpiar la camiseta pero solo se extiende la mancha blanca. Saca la cinta de la videocámara y, junto al clínex empapado, lo tira al cubo de basura junto a los retos de su cena menú nº2 de Kentucky Fried Chicken “con cerveza por favor”.
“Luisa. Luisita…” se dice en voz baja Adrián.
Dos días atrás Luisa está en el bar donde ha quedado con Rafa, su actual rollo. Rafa es muy bueno y atento con Luisa. Le lleva al cine, le lleva a bailar, le invita a cenar a restaurantes post-modernos, y le come el coño como no lo ha hecho nadie. Es alto, rubio, fuerte, guapo y bisexual. Luisa está muy contenta con Rafa y cuando él llega veinte minutos tarde ella no le dice nada, solo le besa.
Tengo una sorpresa para esta noche le dice él a ella. Es perfecto, yo otra le contesta ella.
Rafa, consciente de que tiene a Luisa en el bote, llevaba semanas contando fantásticas historias sobre tríos sexuales, seductores relatos erótico-pornográficos a tres y sensuales recuerdos sobre experiencias personales con dos mujeres o con una mujer y un hombre. El cerebro de Luisa reaccionó tal y como esperaba Rafa. Ella deseaba hacer un trío con él y(ésta fue su única condición) otro hombre. A Rafa le pareció una idea excelente y le prometió que viviría una experiencia que no olvidaría en la vida. Cuánta razón tenía.
Pablo entra en escena. Rafa le ve entrando en el bar y le hace una seña para localizar su posición. Le pregunta a Luisa si se acuerda de su sorpresa, que aquí llega. Se levanta y saluda a pablo con un abrazo.
Rafa y Pablo se llevan viendo unas semanas. Pensó que le encantaría a Luisa. Le comentó lo del trío. A Pablo le entusiasmó la idea, para él también sería la primera vez. Insistió en solo practicar sexo propiamente dicho con la chica, no le gustaban los hombres. “El morbo de la situación es suficiente para mi” le contestó Rafa.
Le presenta a Luisa. Luisa se sorprende mucho. Parece que le ha gustado piensa Rafa antes de disculparse e ir al servicio.
Orinando en el meadero anclado en la pared mira a izquierda y a derecha. Comprueba que no hay nadie, mete la mano bajo los huevos por dentro del slip y saca una bolsita con seis pirulas, Mitsubishis, buena mierda. Al salir del servicio pide tres Jack Daniels con coca-cola e introduce en cada una de ellas una pastillita.
“Perdonad la tardanza chicos” les dice a Luisa y a Pablo entregándoles su copas. Un par de copas más tarde la droga ya está haciendo efecto y al notar esto Rafa les lleva al 3x1.
Están bailando en la discoteca dejándose llevar. El Trance inunda sus cerebros, la droga los exprime y el alcohol corre en cada vez más cantidad por sus venas. Rafa repite la jugada del bar: mear, coger rulas bajo huevos, comprar alcohol, dopar la coca-cola dopada, etc.
Felicidad, bienestar, éxtasis, frenesí. Luces de colores, flashes y láser. Humo, calor y ritmos progresivos. Bailes que salen de dentro. Rafa está volando. Se acerca de Luisa y la besa con pasión. Luego acerca la boca de Pablo a la de Luisa. Se basan con pasión. Perfecto piensa.
Dos copas más tarde y numerosos bailes eróticos a tres, salen del 3x1 rumbo a casa de Luisa, ya que su sorpresa se encontraba ahí, le había dicho en voz baja y sensual a Rafa. “Está agradecida” pensó éste.
El salón de Luisa es en realidad el salón de su padre. Cuernos de ciervo, rebeco, muflón y, la pieza estrella, la cabeza disecada de un jabalí con grandes colmillos cuelgan de la pared. A Rafa le dan escalofríos.
Es al entrar cuando se da cuenta de la videocámara sobre un trípode que ha montado Luisa. La cámara se la prestado Adrián, su mejor amigo. Rafa y Luisa habían hablado de filmarse mientras practicaban sexo. “¡Sorpresa!” gritó ella. Es la noche de las fantasías pensó él. Luisa encendió la cámara y la televisión, que dejaba ver lo que veía el objetivo del aparato.
¿Después? Follaron claro.
Rafa se extasía mirando a Luisa chupándole el miembro, primero a él, luego a Pablo, luego a los dos a la vez. Disfruta lamiendo los pezones de Luisa mientras es penetrada estilo misionero por Pablo. Se muerde los labios al follarla por detrás mientras ella le acaricia y le lame la polla a Pablo. El éxtasis es general. Los tres se encuentran en una burbuja creada por el alcohol, la droga , la dopamina, la cámara…
Algo inesperado ocurre. Mientras Pablo penetra el ano de Luisa, Rafa ha besado a éste en el cuello. Los dos acaban besándose apasionadamente. Rafa acaba penetrando el ano de Pablo. Después Luisa le sujeta la polla a Rafa y entre ella y Pablo le humedecen aun más el miembro con la lengua, con los labios, con la campanilla. Rafa está llegando. Cuando llega el orgasmo la leche le llueve toda a Pablo en el pelo, en los ojos, la nariz, los labios… Hay un momento corto para asimilarlo todo. Luego Pablo sale corriendo a la cocina. Entra corriendo hacia Rafa con un cuchillo grande en su mano derecha, su mano buena. Rafa, sin tiempo para asimilarlo solo mira. Pablo le asesta uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis puñaladas en el pecho. Los dos están en el suelo. Rafa, muerto, Pablo, jadeando. Pasa un minuto. Luisa había salido del salón y ahora vuelve con la escopeta de caza de su padre y se planta frente a la videocámara. Apunta a la cara cubierta de sangre y semen de Pablo. Dispara una y dos veces. Ahora los dos están en el suelo. Rafa, muerto, Pablo, también. Rafa, tan rubio, tan guapo, tan bisexual. Pablo, tan homófobo, tan loco…
En realidad el pobre de Pablo estaba obsesionado. Obsesionado con Luisa, su ex. Él no había superado la separación después de cinco años de relación. Sabía que Luisa se veía con otros hombres y había conseguido, sin que ella se enterase, que éstos dejaran de verla uno a uno. Sabía que se enrollaba con Rafa. Siguiendo su táctica tradicional se hizo amigo de éste. Le odiaba como había odiado a todos y cuando le propuso lo del trío le odió incluso más que al resto. Pero aceptó para volver a acercarse a Luisa y, con suerte, volver a follársela “oh dulce Luisa”.
Quedó con Rafa en un bar popular de la city. Antes de entrar vió por la cristalera del garito a Rafa y Luisa besándose con pasión, abrazándose con pasión, “qué asco” pensó mientras le hervía la sangre del odio. Entró, saludó a Rafa y sorprendió a Luisa. Rafa se fue al baño. Luisa le dijo que se fuera, que no se metiera donde no le llamaban. Él le prometió que venía en calidad de amigo de Rafa, que él tampoco sabía nada. “vamos a pasarlo bien un rato y luego yo a mi casa y vosotros a donde os venga en gana” le dijo. A ella no le dio tiempo a responder ya que llegó Rafa con copas para todos. Más tarde la hostilidad de Luisa hacia él disminuyó.
Se fueron a bailar. Pablo siempre intentó meter su cuerpo entre el de Luisa y Rafa pero conseguían constantemente esquivarle entre risas y besarse o abrazarse. Cada vez que esto pasaba le recorría un calambre de asco por toda la columna y un choro de odio salía de su corazón. Más copas, menos odio. Más sensualidad entre él y Luisa. En un momento dado se olvidó de Rafa y acabó basando a Luisa y, algo mejor, Luisa a él.
Fueron a la casa de ella. Él disgustado por la presencia de Rafa pero tremendamente contento por la de Luisa. Llegaron volando sobre una nube. Entró en aquella casa en la que había entrado tantas veces . Todo estaba igual menos una cosa, una videocámara conectada a la tele en el centro del salón. Pensó que la inocente Luisa ya no era tan inocente, ¿cuántas pelis porno caseras habrá hecho y con cuantos hombres distintos? Una mezcla de Odio, asco y morbo le sobrevino.
Se encendió la cámara y la tele.
Lo siguiente que recuerda es a Luisa haciendo una doble felación con una polla en cada mano y las caras, de gozo la de Rafa, de susto la suya, en la pantalla de la televisión del salón. Después follaron. Primero él y Luisa mientras el cerdo de Rafa le chupaba las tetas y le besaba. Odio, rabia, morbo. Después Rafa y ella. Le miró a la cara y cada mueca de placer traía cada vez menos odio y más morbo. Ella se colgó de los colmillos del jabalí, Pablo por delante, Rafa hizo lo propio por detrás. Luego le tocó a él probar las delicias anales. Se sentía drogado. Se sentía genial, en el séptimo cielo. Luego Rafa le besó y él se dejó. Después probó otro tipo de delicias anales a los cuales se estremeció del placer. El éxtasis iba en aumento. Entre Luisa y él decidieron llevar a Pablo al Nirvana. Entrelazando sus lenguas con el glande de Pablo, acariciaban toda la longitud de su sexo con sus labios húmedos y se besaban y lamían apasionados. Luego Rafa se corrió en su cara.
Pasaron unos segundos de morbo que dieron paso a unos de desconcierto que a su vez pasaron a otros de asco, rabia y odio. Miró a la pantalla del televisor y pudo verse arrodillado ante un hombre, la cara repleta del espeso y pegajoso material genético de su enemigo, Rafa. En ese momento se odió a si mismo más que a nadie. Se levantó y se fue a la cocina a buscar la solución de todo. Primero acabaría con Rafa y luego consigo mismo. Lo primero lo hizo. A lo segundo le hecho una mano la pobre Luisa que, acto seguido, paró la grabación del video porno-snuff casero en el minuto 00:43:39, en una noche que jamás olvidaría.
D.G.F.

jueves, 15 de enero de 2009

La Reina manda


El hombre del fondo no quiere morir hoy. Suda, tiene la boca seca, le late rápido el corazón, le tiemblan las manos.
El hombre más cercano siempre está dispuesto a morir pero nunca lo ha conseguido. Gracias a esto le ha perdido el respeto a la muerte y se gana la vida a su costa. Se encuentra tranquilo, tiene buen aspecto, incluso sonríe, no es un novato.
El hombre del fondo es un novato. Un “Nouveau déprimé” recién salido de una relación autodestructiva o algo que se le parezca. Esta triste y desesperado. Sigue sudando. Sigue temblando. No quiere morir hoy.
El hombre más cercano está en paz. Su aspecto delata un pasado duro, un pasado terrible, solo él sabe lo mal que le ha tratado la vida, realmente mal.
Se lanza una moneda al aire y la Reina Isabel II decide que comenzará el hombre del fondo.
Es leído el tratado que los concursantes han de respetar con las reglas del duelo y se presenta el premio que se llevará el vencedor. El hombre más cercano sonríe al oírlo, el hombre del fondo aún está afectado por el hecho de que le toque comenzar a él, ahora suda más profusamente, carraspea nervioso y tiembla de forma exagerada. Le devuelve la sonrisa tímidamente al hombre más cercano, agita la cabeza y dirige la mirada a la mesa ante la que están sentados uno frente al otro.
Es traído el instrumento del duelo. Se ofrece al hombre del fondo el cual la coge tembloroso, la inspecciona y la devuelve dando su aprobación con una nueva sonrisa nerviosa y agitación de la cabeza. Se ofrece el artefacto al hombre más cercano que la rechaza y la aprueba con la cabeza.

“Hijo de puta. El tío este no tiene miedo. Seguro que esto está amañado. Donde cojones me he metido. Me he vuelto completamente loco. Mierda, ya no hay vuelta atrás. Me cago en mi suerte. Esto es una locura…
De todas maneras vivir de esta manera o vivir sin Kate es lo mismo. Mi vida ya no tiene sentido sin ti mi vida. No soportaría verte rehaciendo tu vida con otro gilipollas. Sé que no te merezco pero tú lo eres todo para mi. Soy patético y sin ti no soy nadie. Prefiero morir aquí, ahora mismo antes de intentar una vida sin ti, me moriría de todas maneras. He decidido que viviré de esta manera hasta que la muerte decida que me ha de llevar con ella, y ese día te darás cuenta de que todo lo que te dije era verdad de que yo nunca te miento y lo que tú te tomabas como amenazas no eran si no simples verdades sobre mi naturaleza: yo estoy echo para estar junto a ti. Si Dios es tan cabrón como para separarnos entonces lo que Dios quiere es que me muera. Pues escucha una cosa Dios, tu puta madre se va a reír de mi entiendes. Te desafío. Si, te desafío a que consigo sobrevivir mucho más tiempo del que te imaginas separado de Kate. Me enfrentaré a ti cara a cara y te venceré cabrón. No me has tenido respeto y yo ya no te lo tengo a ti. Otros te halagarán pero no yo, yo te repudio, te odio tanto como ahora odio a Kate. Os odio a todos, por no respetarme, por tratarme como una mierda, por convertirme en lo que soy. Odio al hijo de puta al otro lado de la mesa y a todos los que se han reunido aquí para apostar por mi muerte. Nadie da un duro por mi, nadie me respeta. Hijo de puta te vas a llevar una gran sorpresa, te vas a tragar tus sonrisitas de chuloputas y tu puta paz interna, ¡payaso! Y todos vosotros morbosos maricones de mierda que solo queréis ver mi última humillación y de paso sacaros un dinerillo para gastároslo en whisky, puros y putas. En menudo mundo de mierda he tenido que nacer. Os vais a enterar todos. Os voy a demostrar de lo que soy capaz. Os voy a dejar a todos boquiabiertos. He retado a Dios y le voy a vencer, vais a ser todos testigos, todos vosotros vais a comeros vuestra mierda de mundo porque voy a vencer, voy a vivir y seguiré viviendo. Kate observa esto mi amor…”

El arma se carga. Solo una bala. Se revoluciona el tambor. Suena el característico “click,click,click” unos segundos hasta que deja de hacerlo. Se ofrece el revolver al hombre del fondo. El hombre más cercano mira a los ojos y sonríe al hombre del fondo. El hombre del fondo, que ya no suda, que ya no tiembla, le devuelve una gran sonrisa al hombre más cercano, coge el arma y coloca el cañón sobre su sien.
- ¡Comeos esta cabrones! - dice el hombre del fondo.
El hombre más cercano no deja de sonreír.
El hombre del fondo aprieta el gatillo, salen disparados sus sesos contra la pared a la derecha y cae fulminado contra la mesa aun con una sonrisa estúpida dibujada en la cara. Hay unos segundos de silencio.
El hombre más cercano se levanta y le es entregado un maletín negro. Se marcha y empieza el murmullo del público.
El hombre del fondo esparce su sangre sobre la mesa. No quería morir hoy.


D.G.F.

sábado, 2 de agosto de 2008

BENITO SCOLARI


En el mundo del vicio, la perversión y el crimen organizado Benito Scolari no tenía igual. Los demás capos mafiosos de la nación no le hacían sombra y le respetaban por diversas razones. Había conseguido una especie de paz entre bandas y organizado el mundo criminal de tal forma que todas las bandas se llevaban su parte, por eso muchos de sus antiguos enemigos encarnizados ahora redían culto a Don Benito.

Pero Don Benito había muerto y el mundo paralelo de las mafias se vio conmocionado. Los Jefes de las demás bandas se vieron en una tesitura difícil: con Don Benito muerto, ¿quién mantendría la paz, la unión y el respeto entre camaradas criminales?

Quizás la respuesta fuera Fionna Marcesani, viuda del fallecido Don Benito. Conocida como La Artificiera por las bombas que hizo explotar matando a varios representantes del antiguo gobierno de Mussolini , allá en los años de la dictadura.
Se había convertido en madre de los hijos de Don Benito, cocinera personal de Don Benito, y asesora criminal de su banda.
Muchos le atribuían los logros de Don Benito, pero muchos le culpaban por su muerte.
Versión oficial de su muerte: mala caída patinando sobre hielo… Cuanto menos, sospechoso.

La situación que se planteaba era la siguiente:
Cinco y veinte de la tarde. Se había preparado una gran recepción en la mansión de la familia Scolari para rendir los últimos respetos al capo más pacífico, unificador y respetado que jamás hubiese pisado la nación.
Todos los demás jefes habían venido con sus mujeres e hijos para demostrar el verdadero respeto que sentían por el gran Benito Scolari.
Su cuerpo, vestido con un traje blanco tumbado en un ataúd también blanco(lo cual le daba un aspecto divino) al frente de una gran sala de la mansión, que usaba regularmente para sus estilosas fiestas y cocktails que nunca más disfrutaría.
Fionna, la viuda artificiera, vestida de negro al pie del ataúd hablaba silenciosamente con el cadáver…


-Benito… Benito, Benito…
No es justo Benito.
Éste no era el plan Benito. Te has adelantado al plan estúpido patán.
Con todo lo que hemos construido con sudor, sangre, tiempo y paciencia.
La gente te respetaba. Te creían y hasta te querían. Esa gente realmente pensaba que eras su dios.
Todos ya me conocían y muchos me habían empezado a respetar. Me habían empezado a considerar su reina así como tú eras su rey. ¡Pero no todos, y muchos no es suficiente!
Solo te pedía tiempo Benito. Tiempo en que habrías vivido feliz, habrías comido bien y todo hubiera sido como hubieras querido. Habría sido como vivir en el paraíso, amado…

Con el tiempo habrías caído enfermo y ningún médico hubiera sabido qué tenías, solo que era grave y terminal.
Te habrían dado seis meses de vida en los que te habrías dedicado a organizarlo todo perfectamente para tu sucesión.
Es aquí cuando, gracias a tus palabras, yo hubiera ganado popularidad, respeto y confianza. Todos te creen a ti Benito querido.
Después de seis meses habrías muerto con una sonrisa en la cara y en la cama, una muerte de lo más dulce, sabiendo con seguridad que el castillo de naipes que habías construido con tanto esfuerzo no se desplomaba irremediablemente sino que, gracias a tu amada esposa, Fionna Marcesani, tu imperio seguiría en pie.
Pero noooo, no podía ser así… Estornudaste y cayeron todos los naipes uno a uno y amontonados en la mesa quedaron las barajas que habías utilizado, las barajas que los dos habíamos utilizado.
¡Teníamos que rememorar tu infancia en el dichoso lago donde patinabas de niño! ¡Lo que nunca me dijiste era que nunca habías aprendido a patinar estúpido patán!
Diez segundos duraste recordando tu infancia:
Allá voy, a ver si me acuerdo de esto, mírame soy una bailarina olímpica fueron tus últimas y patéticas palabras…
¿Ahora qué, inútil? ¿Qué voy a hacer? Nunca me aceptarán como te aceptaron a ti, como controlador todopoderoso de las bandas criminales de la nación. Incluso hay muchos de ellos que realmente piensan que yo te maté. Seguro que los muy estúpidos nunca lo hubieran sospechado si todo hubiese sido como planeado y si te hubiese matado, querido. Esos estúpidos cabeza huecas no soportarían que una mujer les mandase, así, tan de repente.

¡Solo hacía falta tiempo Benito, solo insignificante tiempo, de lo que hasta el más pobre de entre los pobres dispone!
No me dejas otra opción esposo mío…
Nunca me ha gustado improvisar, me gusta la buena organización, como a ti, pero la reina del crimen ha de saber de todo y creo que te lo voy a demostrar.

Francesco, Rino, Giussepe, Marcello… Han venido todos…
Han venido todos amado. Todos te respetan tanto que como muestra han venido con sus mujeres e hijos. Esto representa el poder que tenías; el poder que tendré…

Se acerca el momento Benito…

En exactamente dos minutos y medio me iré apenada de este lugar y cogeré un coche para alejarme de mi pasado rumbo a un futuro mejor como la reina todopoderosa del imperio Scolari.
En exactamente cinco minutos y medio el temporizador que llevas en el bolsillo del pantalón accionará una chispa que reaccionará con los 40kg de Trinitrotolueno que hay embutidos en tu cuerpo sustituyendo tus órganos blandos, y saltaras por los aires, llevándote contigo al cielo a todos tus amígueles y a sus familias.

La verdad es que es un plan perfecto; y me has quedado muy bien… Soy una artista. No puedo negarte que hoy, Benito mío, estás más guapo que nunca.
En fin Benito, éste es nuestro adiós. Todo podría haber sido diferente y más fácil pero que se le va a hacer, la vida está llena de improvistos.
Solo espero que ahí arriba patines como una verdadera bailarina olímpica y todos te alaben…

Es la hora…

¡Ah! ¡Y no te confundas Benito mío! ¡yo siempre te he querido y siempre te querré…!
¡Ciao amore!


D.G.F.

martes, 1 de julio de 2008

ADRIANA


"¿Me das tu número?"



Llevaba siete horas trabajando de pié sirviendo cañas, cafés y pinchos de tortilla. Solo me quedaba una hora. Tenía los pies machacados. Podría haber sido por la pérdida de costumbre ya que había estado suspendido de empleo y sueldo esta última semana. Y tampoco había dormido nada anoche…
Miré una vez más la pantalla en verde y negro de mi móvil; nada. Y había sido nada en siete horas que llevaba trabajando y mirando el móvil.


-¡El móvil a la taquilla!¡Os tengo dichos que el teléfono guardadito cuando estéis trabajando!- me gritó Manolo, el metre del bar.
-Vamos Manolo, ya te he dicho que estoy esperando una llamada muy importante…-le contesté.
-No me vengas con tonterías Martínez. O lo guardas o coges la puerta y te vas a tomar por culo, que suficiente tengo ya contigo…


Esa es la relación que tengo con él. El motivo de mi sanción había sido llegar tarde al trabajo reiteradamente. Manolo se hartó y pensó que de esta forma escarmentaría. El motivo de mis llegadas tarde reiteradas había sido Adriana.


-¡Una caña!
-¡En seguida!-grité
-¿Me pone unas patatas bravas por favor?
-¡Una de bravas!-grité

A Adriana la conocí un domingo por la mañana en una rave de psicodelic trance a las afueras de Parla. Nos habíamos descubierto así como a las doce del mediodía y estuvimos bailando y dejándonos llevar juntos el resto de la tarde. No hubieron muchas palabras más que las que hicieron falta para intercambiar nuestros números de móvil. Ese día consistió en miradas entre el uno y el otro. También hubieron sonrisas y abrazos. También droga y alcohol.
Ella llevaba un vestido largo al estilo psicodélico de los hippies de los sesenta. Llevaba colgados todo tipo de collares y pulseras con amuletos pacifistas, budistas e hindúes. Tenía el pelo moreno ondulado y larguísimo. Al terminar la fiesta le llamaron sus amigos hippies con los que se marchó en la vieja furgoneta de uno de ellos. Intercambiamos una última mirada y una última sonrisa. Ella se fue. Yo me quedé un rato mirando como se alejaba la furgoneta. Cogí el móvil y en la agenda busqué "Adriana". La encontré. Volví a guardar el móvil y me fui con mis amigos.



Adriana era poeta. O eso es lo que siempre he pensado desde el primer sms que me mandó. Yo se los respondía como malpodia y luego esperaba un nuevo "¡piiiiii-piii!" de mi móvil con el último mensaje de ella. Me pasé una semana entera acostándome con ella, y no lo digo literalmente, si no que nuestras conversaciones vía sms se desarrollaban por la noche cuando yo ya me había acostado para madrugar el día siguiente. Ella me mandaba sus geniales poesías y yo le respondía con mediocres cursiladas que parecía que le gustaban o, cuanto menos, le hacían gracia.
La primera noche solo dormí dos horas pero aguanté bien en el trabajo. La segunda volví a dormir dos y a duras penas aguanté de pié en el bar las ocho horas. La tercera, la cuarta, la quinta, la sexta y la séptima me quedé dormido y llegué tarde al trabajo. De aquí mi suspensión de empleo y sueldo.


Lo primero que hice cuando me dieron la noticia de la suspensión fue pillar un pollo de eme, otro de speed, llamar a los colegas e irnos a otra rave de psichodelic trance en la Casa de Campo.
Efectivamente; Adriana estaba ahí. Ese día tampoco hablamos. Nos miramos, nos sonreímos, nos abrazamos, y, al final de la fiesta, nos besamos…
Pasé una semana acostándome con ella, y lo digo literalmente. Pasé prácticamente toda la semana de suspensión de empleo en su casa, un antro de artistas que compartía con otros hippies en Lavapiés.


La última noche que pasé con ella fue como las cinco anteriores. La mañana no:
Sonó el timbre de su casa. Ella pegó un salto de la cama y salió disparada hacia la puerta de entrada. Yo me incorporé y pude ver por la abertura de la puerta de la habitación a Adriana abriendo en el hall de entrada.


-¡Lorenzo!-gritó ella.
-¡Hola nena, he vuelto!-dijo Lorenzo.
Lorenzo era el compañero de piso de Adriana que llevaba fuera seis meses de viaje por la India.
Adriana se tiró a los brazos de aquel hombre barbudo y con rastas que le llegaban por el culo y le dio un beso como el que me había dado a mí anoche; y las cinco noches anteriores.
-¡Te tengo que contar tantas cosas nena!¡No te imaginas las ganas que tenía de verte!
-¡Ay Lorenzo! Cuánto esperaba este momento.¡Espera un momento!-dijo ella y vino corriendo a la habitación donde yo miraba ahora las sábanas de la cama
-Paco corre, ha llegado Lorenzo. Me temo que tienes que irte, queremos estar solos,¡tiene tantas cosas que contarme! Dúchate antes de irte si quieres. ¡Vamos, vamos, levanta!


Yo me levanté, no me duché, me vestí, saludé a Lorenzo y me fui.


Esto fue ayer por la mañana. Me pasé todo el día de ayer frente a la tele. Horas y horas de tele con el móvil en la mano a modo de mando a distancia. De vez en cuando lo miraba. Por la tarde-noche decidí apagar la tele. Leí todos los mensajes guardados que tenía de Adriana. Luego decidí escribirle uno y esperé… Nada.
Después mandé otro y esperé… Nada de nada.
Me acosté pero no podía dormir. Al rato volví a leer todos los mensajes guardados de Adriana y, al rato, volví a enviarle otro.
Pasé toda la noche con el móvil en la mano y mirándolo cada cinco o seis minutos. Todos los sonidos de noche me recordaban al "piiii-piii" del aviso de "mensaje recibido" y siempre miraba rápidamente para descubrir, siempre, que era mi imaginación.
De repente sonó mi alarma. No había dormido nada y era mi primer día de curro después de la suspensión.
Miré el móvil. Nada…

Siete horas cincuenta y cinco minutos llevo sirviendo tercios, cortados y bocadillos de calamares. Quedan cinco. Miro el móvil; nada.


-¡Martínez!
-¡Vamos Manolo, que ya me voy, dame un respiro anda!
-Te la estas jugando conmigo Martínez. Anda, vete ya y llamas a tu novia o a quien tengas que llamar, pero como vea la mierda del móvil contigo mañana, vas a la calle, ¿entendido?
-¡Que siiii Manolo! Venga,¡hasta mañana!

Me he cambiado, he cogido el metro, he llegado a casa y he encendido la tele; he mirado el móvil y nada. Vuelvo a mandarle otro mensaje a Adriana.
Tengo hambre, ayer no comí nada en todo el día y hoy tampoco. Más que hambre es sensación de ardor en el estómago. Dejo el móvil, por primera vez en 48horas en la mesilla del salón y voy a la cocina a prepararme un sándwich mixto, que es lo único que se me ocurre preparar ahora.
Pan, queso, jamón de york y pan. No voy a calentarlo.


- "¡Piiii-pii!¡Piii-pii!"


"¡Un mensaje, oh dios, un mensaje!"


Al correr al salón he tirado el sándwich al suelo, roto una botella que había en la encimera, tropezado con el cubo de la fregona y vertido su contenido por el suelo, resbalado con el agua y caído dándome un golpe bestial en la cabeza, pero ya tengo el móvil en mis manos.
"1 mensaje recibido" pone en su pantallita.
Aprieto "leer" y espero durante medio segundo, mas largo de lo normal,y puedo leer por fin:


"El saldo de su tarjeta está agotado."





D.G.F.

domingo, 15 de junio de 2008

Phillies

Parecía un lunes como cualquier otro, pero ese lunes iba a ser diferente. Salí del trabajo tarde y como solía hacer a veces, me fui a Phillies a tomar algo antes de ir a casa. Me senté en el taburete frente a la barra y pedí un café. Ni siquiera me quité el abrigo ni el sombrero. El camarero me preguntó si solo o con leche. “Solo”, le dije. Por el ruido de la cafetera me di cuenta que estaba algo estropeada. Aun así, vi como el café salía mientras el camarero aprovechaba esos segundos en los que caía el café para ordenar las tazas recién lavadas. Delante de mí, una pareja discutía acaloradamente. Él era un tipo viejo y parecía enfadado. Ella era rubia y muy sexy, y miraba al viejo con los ojos muy abiertos. No podía oír la conversación, aunque intentaba distinguir algunas palabras entre el ruido de la cafetera. Finalmente, cuando la cafetera dejó de hacer ruido y el camarero ponía la taza en un plato junto al sobre de azúcar, escuché a la rubia decirle al viejo “eres un cerdo”. Se levantó y rápidamente cogió su abrigo y salió del bar. Yo salí detrás suyo.

La mujer caminaba rápido por la acera mojada. Había llovido posiblemente en los escasos 5 minutos en los que había estado en el bar. Yo la seguía, intentando no resbalar con mis zapatos de suela gastada; hacía mucho que no me podía permitir unos nuevos. Nos íbamos alejando del bar por la larga calle, ella haciendo sonar sus tacones, yo tratando de guardar una distancia prudencial. Al final, la rubia se paró en seco y miró atrás. Yo también me paré. Me miró, mientras sacaba un cigarro del bolso y se acercó a mi sin apartar sus ojos de los míos.

- ¿Me da fuego, por favor?
- Sí, claro
Saqué el mechero de mi abrigo y encendí la llama. Ella acercó sus labios carmín hacia mi mano, se colocó el cigarro en la boca y lo encendió dando una larga calada. Exhaló el aire hacia arriba.

- Gracias – dijo.
Asentí con la cabeza.

- ¿Me puede decir por qué me sigue?
- ¿Yo? – balbuceé – Seguirla yo?

Se quedó en silencio.

- No es bueno que una mujer como usted ande sola por este barrio a estas horas.
- ¿Una mujer como yo? ¿A que se refiere? ¿Y qué le hace pensar que no sé donde estoy?
- Me refiero a que es usted joven y… este no es un barrio seguro. ¿Es usted de aquí?
- Tiene razón, no… no sé donde estoy. En realidad, no sé ni a donde voy.
- Si quiere, puedo acercarla a algún lado. Parece que va a volver a llover – dije señalando al cielo oscuro.
- ¿Y como sé si puedo fiarme de usted?
- No puede saberlo. Tendrá que fiarse o desconfiar.
- Me llamo Juliette – dijo tendiéndome la mano.
- Theodor – dije – pero puedes llamarme Theo.
- No tienes cara de llamarte Theo – sonrió.

Caminamos juntos dos calles hasta mi coche. Le abrí la puerta y ella subió de manera delicada, dejando entrever su corto vestido rojo pasión bajo su abrigo, ese vestido que cubría sus largas y perfectas piernas. Subí al coche y encendí el motor. Enfilé la larga calle en dirección al centro.

- ¿Una mala noche? – le pregunté.
- Mala
- ¿A dónde te acerco, Juliette?
- Donde tú vayas.
- Yo iba a mi casa.
- Pues llévame contigo.
- ¿Estás segura? Puedo acercarte donde quieras…
- No tengo donde ir, así que tu casa no me parece una mala opción.

De camino a mi apartamento, me contó quien era el tipo de la cafetería con quien había estado discutiendo. “Mi tío – dijo – mi maldito tío y tutor desde que mi padre murió. Me acababa de decir que se ha dilapidado mi herencia en un negocio. La herencia que mi padre me dejó, mi dinero”. Me contó que acababa de cumplir 21 años y que odiaba desde hacía tiempo a su tío. Ahora que ya podía disponer de su dinero y estaba decidida a largarse de casa, se veía sin blanca. Empezó a llorar. Le acerqué un pañuelo de la guantera, rozándole la rodilla casi sin querer. Ella se secó las lágrimas y permanecimos en silencio hasta que llegamos a mi casa.

En mi desordenado piso, le ofrecí un café que ella aceptó. No tenía azúcar ni leche, así que se lo tomó solo. Yo también me serví otro y fumamos. Mientras, empezamos a hablar de la vida, de mi divorcio, de que tras el juicio con mi ex mujer me había quedado en la ruina… y ella me escuchaba y asentía con la cabeza.
- Somos un par de estafados por nuestra familia- dijo Juliette.
- Yo no tengo familia – le respondí.
- Pero tendrás amigos…
- Un par de compañeros de trabajo. Apenas tomo alguna cerveza con ellos de vez en cuando y poco más
- Bueno, Theo, ahora tienes una amiga.

Se acercó y me cogió la cara entre sus manos. Me besó y me siguió besando. Yo también la besé y la acaricié, pero acabé apartándome de ella.

- Juliette, no creas que no me gustas, pero esto no está bien.
- ¿Por qué? – me preguntó extrañada.
- Míranos – señalé a un viejo espejo que tenía en la pared, justo enfrente nuestro- tú eres joven y guapa y yo… te doblo la edad. El mes que viene cumpliré 54.
- Pero… ¿y eso qué importa?
- ES mejor que nos vayamos a dormir. Yo lo haré en el sofá. Allí está mi habitación. Tranquila, las sábanas están casi limpias.

Juliette no dijo nada más. Con un tono muy seco, me dio las buenas noches y cerró la puerta de mi cuarto de un portazo.

Por la mañana, cuando el sol entraba ya por la ventana, me desperté de un sueño muy profundo. La puerta del cuarto estaba entreabierta. Juliette no estaba dentro. Se había marchado, no supe a qué hora, no la escuché salir. Entré en mi habitación y vi mis cosas revueltas. Entre ellas, sobresalía la foto de Nina, mi hija a la que hacía años que no veía, mi niña de 20 años. Y pude imaginarme a Juliette corriendo escaleras abajo.

viernes, 6 de junio de 2008

Rehabilitación

Otro día más…
Miro a un lado, miro al otro. Viene un coche…. ¡esperaré!
Avanzo un paso, miro a un lado, miro al otro se ve borroso y pequeño. Miro al frente, camino lo más rápido que puedo, la luz está en verde. Titila voy por la mitad me detengo y miro a mi derecha, está más cerca y seguro estoy importunando... ¡querrá seguir! Levanto la mirada avanzo de nuevo intento que no esté detenido mucho tiempo. Por fin llego al otro extremo, tomo aire, respiro. Me arreglo el cabello y el jersey.
Recorro la acera hasta la entrada de la clínica. Levanto la mirada, en la recepción están Laia y Jordi. Jordi gira su rostro y me ve entrar con otras personas, está al teléfono y baja la mirada para anotar algo… eso parece.
La gente que va a mi lado pasa muy rápido, yo sin prisas…

– ¡Montse!... sin prisas –

Me molesta la espalda, me detengo un momento, tomo aire. Me arreglo el cabello. Camino lentamente hasta el pié del ascensor. Espero… está vacío. ¡Umm! no tiene espejo. Busco en el bolso el pintalabios y el espejito.

– No se para que miro este mísero espejo –

Marco el número tres… espero. Se abre la puerta y está una mujer joven en una silla de ruedas y tras de ella está un hombre de la edad de mi hijo…. que guapo.

– Espera bonita, espera que esta vieja lenta, salga –
– Adelante señora no se apresure, nosotros esperamos –
– ¡que maja! … cuídala bien, guapo cuídala bien –

Camino hasta la recepción… levanto la mirada acerco el reloj a mi cara, entorno los ojos un poco y… son las nueve y trece minutos… me acerco a la puerta que dice: rehabilitación mujeres. La abro, empujo… La taquilla tiene casi todas las puertas cerradas y sin llave. Levanto el brazo muy lento, para alcanzar la llave del número cinco. Debo bajarlo.
Segundo intento… tomo aire. Levanto el brazo y giro la llave y me la quedo. Meto el bolso adentro y cierro de un golpe… bajo el brazo. Tomo aire.

– ¡Montse!... sin prisas. Vamos Montse –

Levanto el brazo con la llave para cerrar y me tiembla, no encaja la llave. Intento ayudarme con el otro brazo y me empino. No consigo meter la llave en la cerradura. Me recuesto contra la taquilla y me empujo hacia la cerradura… por fin.

– ¡Ufff!... respira Montse, respira –

Voy a la puerta del fondo, paso a paso. Abro la puerta, allí están. Creo reconocer sus figuras. Están con sus batas blancas… la delgada es Claudia, la rubita es Cristina, el joven es Juan. Al resto ni los conozco. Siempre hay gente nueva.

– Hola Montse - me saluda Cristina que está muy cerca.
– Hola Bonita - contesto.

Mientras espero que me atiendan. Camino un poco para sentarme en una butaca contra la pared que está justo al entrar. Pero en el mometo en que voy a dejarme caer sobre la silla…

– No Montse, llegas tarde. Lávate las manos y ya te pongo la parafina – me señala Claudia
Digo – Es que no queria molestar. Estaban todos en sus cosas tan… – interrumpe Claudia diciendo:
– ¡Ya sabes la rutina!... ¿cuantas veces debo decirlo? –
– ¡Hay guapa!... los años – digo

Me dirijo hacia el lavabo, enjuago las manos y Claudia abre la olla de la parafina. Sumerjo la mano derecha una vez, dejo enfriar, otra vez, dejo enfriar, otra… ya está.

– Son cinco veces – me dice
– ¿en cual voy? – pregunto
– ¡No sabes!... vas por la tercera, creo.
– Disculpa bonita – le digo

Me dejan con la mano envuelta en plástico y una tohalla. Mientras, puedo sentarme junto a una de las mesas y allí está un joven nuevo en la rehabilitación, tiene la mano igual que la mia envuelta en la tohalla y lee un libro. Tiene el cabello largo y lo sostiene con una cinta para el pelo. Levanta la mirada y pregunta:

– ¿qué le ha pasado a usted?
– Mira me he caido y lo particular es que me duele más esta otra mano – le digo
– ¿Y a usted que le ha pasado? – pregunto
– Me caí en una bicicleta, pero no fue muy grave, solo me rompí un dedo
– Yo me rompí tres, estos tres – le muestro en la otra mano
– Espero que se alivie rápido
– A mis años no es tan facil, también me duele la rodilla y la espalda y mire como tengo esta mano, y es la buena – le digo

Pasados unos cuantos minutos Claudia me retira la tohalla, la parafina y me dice:

– Señora, va a hacer esto… coloca estas pinzas de ropa en la canastilla y luego los retira de nuevo así hasta que le diga. ¿Me entiende?
– Si, pero me dolerá… no tengo fuerza – le digo
– Si le va a doler… pero tiene que hacerlo y depués haremos otras cosas más complicadas

Cojo una pinza roja y la intento colocar en la canastilla, bien. Luego una azul y luego otra y la siguiente. Se me caen.

– ¡Señora!... muestre como lo está haciendo – dijo Claudia mientras se acercaba
– Mire es que no puedo – dije
– Señora… usted tiene artrosis en las manos, su enfermedad está muy avanzada. A usted la lesión ya no le duele, lo que le duele es por la artrosis. El problema ahora es su enfermedad. Me comprende – me explicó Claudia.
Le contesté – hay bonita, si yo tuviera tu edad si que podría hacerlo pero ya tengo 84 años y mis manos no son lo que eran antes –
– Está bien, pero si no lo hace correctamente no mejorará. Mire le muestro. ¡Ponga atención! … vamos a mover este dedo hacia aquí, intentando hacer pinza con cada dedo. Uno a uno. Haber yo lo veo… ¡Noooo! … esto no va a funcionar – dijo ella

Yo ni le miro, ya se como es su cara y no quiero ni mirarla.

– Mejor intente hacer esto otro. Va a coger esta plastilina y la pellizca, llevando la muñeca hacia arriba… pero sin mover el brazo, solo mueve la muñeca – me indicó.
–¡Hay me duele! ¿Cómo espera que haga esto? – le pregunté
– Hágalo despacio y descanse… despacio y descanse… yo ya regreso, para ver como va – dijo ella y se alejó.

Mientras se iba alcancé a escuchar que decía: “no la soporto”.
En cuanto se fue pasé de instrucciones, ¡me dolía tanto!... pellizqué la plastilina, una y otra vez, hablé de cosas y conté historias a los que estaban alrededor. Que juventud, que hermosa es la juventud. Hablé tanto que ni me acuerdo, ¡dije tantas cosas!…

Ahora, es otro día más…
Y tengo de nuevo al frente la clínica. Paso la calle, paso a paso. Entro por la puerta y veo a Jordi y a Laia en la recepción. Siguen es sus cosas. Hace días que no me saludan. Subo por el ascensor sin espejo y camino hasta la puerta que dice: Rehabilitación mujeres.
Luego la lucha diaria con la taquilla, el bolso y la llave. Abro la puerta del fondo. Distingo las batas blancas… la rubita es Cristina, el joven es Juan, al resto ni les conozco… ¿dónde está Claudia?

– Hola Montse – me saluda Cristina
– Hola bonita, ¿dónde está Claudia hoy? – le pregunto
– Hoy estarás conmigo… Claudia ya no trabaja más aquí – me contesta

Camino hacia la silla junto a la entrada y me siento… levanto la mirada, acerco el reloj a mi cara, entorno mis ojos un poco húmedos y… se me escapa una lágrima mientras leo que son las nueve y catorce minutos…
Miro alrededor y siempre veo gente nueva. Todos hacen lo suyo, unos recostados sobre las camillas, otros en las mesas con objetos, otro en las colchonetas…
Levanto la mirada, acerco el reloj y miro la hora… son las nueve y cuarenta. Nadie me dice nada.