Mostrando entradas con la etiqueta eseuribe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eseuribe. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de marzo de 2009

La primera misión

Debíamos entrar en esas ruinas. La orden era eliminar al enemigo por completo y desactivar su señal de radio. Nuestro batallón estaba conformado por tres células independientes, que podían brindar apoyo en la lucha en cualquier momento. Yo era el único francotirador. Mi nombre es Javier Martínez y soy imprescindible para la misión.
Teníamos en frente la puerta principal de lo que parecía una antigua ciudad amurallada, sabíamos de antemano que nos enfrentábamos a unos 35 hombres localizados en todo el perímetro, de los cuales sólo 10 eran blancos fijos, algunos de los cuales estaban encargados de proteger la radio y otros en su descanso de guardia. El resto hacían una estricta ronda. La orden era que debíamos atacar de inmediato. La misión se indicaba como de alta prioridad y no podíamos esperar más.
Junto a la puerta puedo ver el primer blanco. Un hombre con pasamontañas, que fuma un cigarro. Yo me encuentro un poco nervioso, es mi primera misión. La tarde es fría y mis manos están heladas. No debo fallar. Todos los hombres que pueda eliminar sin hacer ruido, sin que disparen sus armas y pongan sobre aviso a todos los demás es lo mejor para la misión y eso depende de mí. Tengo su cabeza en la mirilla. Me cubren dos hombres más. Con mi disparo se iniciará la batalla y todas las unidades avanzarán a mis instrucciones. Lo sigo con la mirilla hacia su derecha mientras camina y se acerca a la puerta principal. Veo su cabeza de nuevo en lo que puede ser un disparo limpio y aprieto el gatillo. Cae despacio. Está muerto, es seguro, pero disparó su ametralladora.
Miro rápidamente a la izquierda y a la derecha de las murallas. Debo cerciorarme de que nadie haya escuchado. Justo al mirar a mi derecha veo cómo se acerca sigilosamente otro hombre, miro su gorra, apunto a su cabeza y aunque es un disparo más difícil que el anterior, por la distancia, disparo de nuevo. Éste cae rápido y sin hacer ruido.
A la izquierda debe estar el tercer centinela. Me desplazo rápidamente para superar la pendiente que no me deja ver con claridad el otro extremo de la muralla. Miro al frente y a la puerta principal, de forma sucesiva, mientras corro hacia el árbol que me servirá de barrera para los próximos disparos. Justo antes de llegar. Veo que está saliendo un hombre por la puerta principal en actitud descuidada, sin cubrirse, no parece haber escuchado los disparos pero se acerca demasiado. Este vigilante puede verme desde donde está y me lanzo al suelo rápidamente, me giro, busco su cabeza y disparo. No ha tenido tiempo de nada, cayó fulminado.
Me levanto de nuevo, me recuesto en el árbol y miro al fondo hacia la izquierda de la muralla y veo una silueta entre la suave niebla. Está muy lejos pero está quieto y me da la espalda. Parece estar orinando contra las rocas de la muralla. Un disparo limpio, no hay problema. Miro atento a mi alrededor buscando los demás blancos. Hago una señal a mi equipo, que se atrinchera justo enfrente de la puerta principal.
Ahora nos debemos desplazar hacia el interior, por esta misma entrada, sin dejarnos ver. El silencio es mi responsabilidad, sólo mi responsabilidad y estuve a punto de destruir toda la misión. Ya he resuelto el problema inicial. No debo hacer más ruido. Ahora que tengo controlado el perímetro indico a mi equipo que se levante y nos ponemos en marcha hacia la puerta. Debemos controlar la entrada. Avanzamos hacia ella y justo cuando estamos cruzando el umbral suena un disparo. Cae uno de mis compañeros. El otro dispara su arma desesperado buscando al objetivo pero es silenciado de un disparo limpio y su cuerpo cae justo a mi lado. Está muy claro, es un francotirador. Me lanzo al suelo y reviso el terreno. No puedo ver desde dónde nos disparan. Se escuchan disparos a lo lejos. Me informan que están cayendo todos los frentes al mismo tiempo. Nos estaban esperando, era una emboscada. Recibo un disparo en mi pierna, mientras me arrastro hacia los cadáveres de mis compañeros. Trato de girarme para ver dónde puede estar el francotirador pero no lo localizo. Trato de escurrirme entre algunos matorrales y rocas desperdigadas en las ruinas junto a la muralla, pero recibo otro disparo por la espalda. Debe estar arriba de mí, me giro de un golpe para verle y en ese instante una ráfaga de luz intensa lo cubre todo. Se repite el estallido y la pantalla se llena de color rojo sangre, luego más luz. Un inmenso letrero que dice “Game Over” lo deja claro. ¡Estoy muerto!

domingo, 15 de junio de 2008

Juego de ojos

Qué contar… ¿la realidad, las fantasías, los sueños, la verdad?
... Un viejo y querido amigo decía: “en la vida he sido muchas cosas: he sido realista, también comunista y socialista, hasta he sido existencialista y soñador. De todo ello lo único que realmente me ha servido para algo, en esta vida, ha sido eso último”. Hoy lo recuerdo mientras camino y recorro las calles de esta ciudad ajena, ensimismado pensando en aquella frase y me pierdo entre ideas, palabras y personas extrañas sin ser conocido o sentido y me pregunto… ¿cuáles son mis sueños?

Soy reportero gráfico de un periódico local y me dirijo al bar de siempre, el suelo está mojado y los brillos de las luces reflejadas en los adoquines me permiten perderme entre pensamientos. Me siento como atascado, inconforme, deforme, incomprendido…. Entro al local como un autómata extraviado entre sus propios textos e imágenes. Tropiezo con alguien al entrar… Mi padre siempre me decía ¡deja de ser tan elevado!… Me despierta un suave olor a rosas que se aleja corriendo tras ella bajo una leve llovizna que dibuja sus pasos que se pierden al voltear la esquina. Ya dentro del bar el ambiente está más templado. Veo rostros desconocidos sumergidos entre el humo de sus cigarros y el café, y pienso este sitio siempre me ha gustado, nunca vienen los mismos, todos están de paso: como las palabras de un texto de revista que se ojea en el metro. Miro alrededor. Las paredes y los objetos están cubiertos de imágenes fotográficas de los visitantes del lugar…. pero son imágenes sin marco, un encuadre se confunde y se funde en el otro, y en el centro de ellas, siempre… la mirada concentrada de quien descubre tarde una foto robada. Una decoración así es inimaginable, es auténtica. Cada día al entrar, me pregunto ¿cómo lo habrán hecho?, ¿cuánto habrá costado? Y que técnica habrán utilizado… Me siento en mi mesa junto a la ventana y ella se acerca sonriente y amable, como pocos en estos días extraños… me saluda con sus ojos mientras pasa con otro pedido – Simón ya te traigo tu cerveza – le devuelvo la sonrisa, el juego de ojos está planteado de nuevo y justo ahora recuerdo aquella maldita frase… ¿cuáles son mis sueños?

… Parece que de ellos regreso y me encuentro atrapado entre paredes visibles e invisibles, inventadas por mis vecinos, para canalizar el ir i venir de las gentes y los coches, dirigir su caminar mientras sueñan despiertos, andando… y por fin he llegado aquel bar imaginado. Me siento en la mesa de siempre, como todos los días, y aquella guapa mecera me trae la cerveza. Ahora puedo pensar tranquilo y sin distracciones, en el que contar… abro la libreta de apuntes, coloco suavemnete la punta mi lapiz en ella y escribo…

Simón es reportero gráfico de un periódico local camina entre pensamientos hacia su bar de siempre, el suelo está mojado y el brillo de las luces reflejadas en los adoquines, parece alimentar su imaginación entregandole imágenes abstractas llenas de contenidos, recuerdos e ideas. Se distrae más a cada paso, se ensimisma, se contrae en un rostro impenetrable. Caen las hojas, es otoño. Cambia de ritmo, mira al cielo, observa sus propios pasos. Choca con un puesto de mercado de la Rambla, pero continúa a pesar de que el dueño del local le indaga: y a ti ¿que te pasa? ¡tio!.... sin detenerse y percatarse de nada, levanta levemente la barbilla y olfatea en el aire el suave olor a rosas que, al ser derramadas en el suelo, son pisoteadas por la gente al pasar marcando los miles de pasos de los paseantes que le siguen. Luego entra en el bar, allí el ambiente es más acogedor. Se sumerge entre el humo de los cigarros y el café. Ahora se le nota agusto su rostro lo advierte, se ha desencogido, mira alrededor, no ve a nadie conocido pero… así es mejor, seguro.

El lugar es maravilloso, las paredes y los objetos están recubiertos de imágenes fotográficas de aquellos que han visitado el lugar. No se percibe claramente donde empiezan y terminan, se confunden y se funden una en la otra, y en el centro siempre la mirada ensimismada de quien mira perdido en sus pensamientos un punto fijo, en un infinito lleno de pensamientos.

Cada día al entrar se sienta en la misma mesa junto a la ventana y ella se acerca sonriente y amable, como pocos en estos días extraños… el le saluda con los ojos mientras escribe en su libreta ¡quién sabe que! … Sofía, la mesera le dice – Simón ya te traigo tu cerveza – el le devuelve la sonrisa, y continúa con sus textos mientras pasa página en aquella vieja libreta en la que apunta todo.

Ahora la cerveza está sobre la mesa y puede verse como las burbujas suben una tras de otra mientras desliza su lápiz capturando sus sueños que uno a uno se dibujan en forma de texto sobre el papel.

Sofía se acerca de nuevo con unas aceitunas y me sirve lo que queda en la botella. Es tan suave su mirada, es tan profunda su sonrisa que el saberla en tal proximidad me vuelve loco y me hace perder el ritmo de todo cuanto hago, escribir, pensar, soñar, y es mejor que ni intente pronunciar palabra. No vaya a ser que diga algo que no me pertenezca. Miro el vaso y justo ahora cae la última gota de cerveza en el, mezclándose y perdiéndose. Levanto la vista y veo dibujada en su rostro aquella sonrisa. Pero sus ojos están sobre el papel y lo que escribo. Y va cambiando el tono de su mirada y sus facciones se extrañan mientras profundizan en el texto. Muevo mi mano sobre la libreta para ocultar mis palabras, pero es tarde.

Sofía quiere ver lo que escribe, a llevado aceitunas a la mesa y ha visto algo allí que no le deja moverse. Es su nombre combinado entre otras palabras y quiere saber la razón por la que ahora ella pertenece a los pensamientos de Simón. Están congelados, estáticos… no se pronuncia palabra, pero ella quiere leer y él tiene la mano sobre la mesa ocultando la realidad, las fantasías, los sueños, la verdad…

Para mi sorpresa Sofía coloca suavemente la botella vacía sobre la mesa, me mira a los ojos con dulzura mientras se sienta a mi lado. Pone su mano derecha sobre mi rostro, acerca el suyo y me da un beso cortito e intenso pero tierno. Luego, mirando fijamente a mis ojos, me pregunta en ese tono que no da posibilidad de evasivas - ¿Simón que escribes en esa libreta? -

Esto si es una pipa

Un destello, un estallido, un golpe y estoy de nuevo en ese lugar al otro lado. Lejos de mi, fuera y dentro de todo… como si estuviera en mi propia mente, me reflejo en mis pensamientos y me dispongo al espacio que me rodea. Ahora no se donde estoy ni donde comienzan y terminan las cosas. Lentamente visualizo mis manos, el fondo no existe todavía, enfoco pero no percibo el entorno.

Es un espacio vacío, pero se que algo me contiene, estoy seguro aunque nada se ve, es una sensación. El lugar está delimitado por paredes y algunos objetos que voy reconociendo con mis manos, pero todavía no veo nada hacia el fondo, solo mis manos que recorren las cosas que toco. ¡Ahh! esto es una mesa estoy seguro, es pesada, no puedo moverla, está suave y fría, debe de ser de metal ¿o tiene un vidrio?… la recorro buscando una silla. Debe estar cerca, necesito sentarme y esperar… no encuentro nada ¿por qué? … me alejo de la mesa pero con miedo, a tientas, no tengo referencia, nada más mis manos. No escucho nada, ¡este maldito silencio!… retrocedo encuentro de nuevo la mesa, la golpeo con los nudillos pero suave, no vaya ser que la rompa. Suena un eco corto y seco, es un espacio amplio, de eso estoy seguro… tampoco debe haber muchas cosas pues no tendría este eco sordo. Definitivamente no me gusta el estado de incertidumbre que me provoca el viajar de esta forma.

La sustancia que me inyectaron está siendo asimilada por mi cuerpo, lo denuncia este sabor amargo y pastoso en mi boca. Poco a poco se me va haciendo visible lo que me rodea. ¡Si, es una mesa! Y tengo traje. La ventana está a mi lado derecho, hay unos documentos en la mesa, parece un salón, un gran salón de esos donde hacen juntas de negocios. Comienzo a escuchar con nitidez. Viene gente… ¡vamos!, manos a la obra. La puerta es grande de dos alas y está a mi lado izquierdo. Estoy a un extremo de la mesa y la silla principal está al frente, en el otro extremo. Sobre ella en la pared un gran cuadro, una pintura de un hombre mayor, con muy buena presencia… me acercaré.

¿Puesdes verlo? Es una pintura al óleo, es un retrato de un hombre ya entrado en años, de unos 70, 75, muy bien vestido. Está sentado en un sillón con un perrito de esos de compañía, de lo más ridículo, echado sobre un cojín de terciopelo rojo con acabados en oro. El señor tiene un gran bigote, ojos profundos, un traje esmoquin y una pipa encendida en su mano derecha… escucho pasos de personas que se acercan es mejor que lo hagamos ahora, ya veré los documentos en cuanto pueda.

Es mejor que transfieran los datos, de inmediato, a mi cerebro. Inicien la transformación de mi interface e ingresen el registro multimedia necesario para expresión externa. Quedan pocos segundos… 5, 4, 3, 2, 1… ¡Argghhh! maldito dolor. ¡Ah, ah ah!

OK, el sistema está cargado. La tengo en mi mano… esto si es una pipa, huelo el tabaco, aspiro y exalo mientras van entrando mis nuevos... ¡ahora socios!
Simulación terminada exitosamente… ejem, ejem, ¡ejem!

¡Bienvenidos! … Señores, hoy es un día muy especial.

viernes, 6 de junio de 2008

Rehabilitación

Otro día más…
Miro a un lado, miro al otro. Viene un coche…. ¡esperaré!
Avanzo un paso, miro a un lado, miro al otro se ve borroso y pequeño. Miro al frente, camino lo más rápido que puedo, la luz está en verde. Titila voy por la mitad me detengo y miro a mi derecha, está más cerca y seguro estoy importunando... ¡querrá seguir! Levanto la mirada avanzo de nuevo intento que no esté detenido mucho tiempo. Por fin llego al otro extremo, tomo aire, respiro. Me arreglo el cabello y el jersey.
Recorro la acera hasta la entrada de la clínica. Levanto la mirada, en la recepción están Laia y Jordi. Jordi gira su rostro y me ve entrar con otras personas, está al teléfono y baja la mirada para anotar algo… eso parece.
La gente que va a mi lado pasa muy rápido, yo sin prisas…

– ¡Montse!... sin prisas –

Me molesta la espalda, me detengo un momento, tomo aire. Me arreglo el cabello. Camino lentamente hasta el pié del ascensor. Espero… está vacío. ¡Umm! no tiene espejo. Busco en el bolso el pintalabios y el espejito.

– No se para que miro este mísero espejo –

Marco el número tres… espero. Se abre la puerta y está una mujer joven en una silla de ruedas y tras de ella está un hombre de la edad de mi hijo…. que guapo.

– Espera bonita, espera que esta vieja lenta, salga –
– Adelante señora no se apresure, nosotros esperamos –
– ¡que maja! … cuídala bien, guapo cuídala bien –

Camino hasta la recepción… levanto la mirada acerco el reloj a mi cara, entorno los ojos un poco y… son las nueve y trece minutos… me acerco a la puerta que dice: rehabilitación mujeres. La abro, empujo… La taquilla tiene casi todas las puertas cerradas y sin llave. Levanto el brazo muy lento, para alcanzar la llave del número cinco. Debo bajarlo.
Segundo intento… tomo aire. Levanto el brazo y giro la llave y me la quedo. Meto el bolso adentro y cierro de un golpe… bajo el brazo. Tomo aire.

– ¡Montse!... sin prisas. Vamos Montse –

Levanto el brazo con la llave para cerrar y me tiembla, no encaja la llave. Intento ayudarme con el otro brazo y me empino. No consigo meter la llave en la cerradura. Me recuesto contra la taquilla y me empujo hacia la cerradura… por fin.

– ¡Ufff!... respira Montse, respira –

Voy a la puerta del fondo, paso a paso. Abro la puerta, allí están. Creo reconocer sus figuras. Están con sus batas blancas… la delgada es Claudia, la rubita es Cristina, el joven es Juan. Al resto ni los conozco. Siempre hay gente nueva.

– Hola Montse - me saluda Cristina que está muy cerca.
– Hola Bonita - contesto.

Mientras espero que me atiendan. Camino un poco para sentarme en una butaca contra la pared que está justo al entrar. Pero en el mometo en que voy a dejarme caer sobre la silla…

– No Montse, llegas tarde. Lávate las manos y ya te pongo la parafina – me señala Claudia
Digo – Es que no queria molestar. Estaban todos en sus cosas tan… – interrumpe Claudia diciendo:
– ¡Ya sabes la rutina!... ¿cuantas veces debo decirlo? –
– ¡Hay guapa!... los años – digo

Me dirijo hacia el lavabo, enjuago las manos y Claudia abre la olla de la parafina. Sumerjo la mano derecha una vez, dejo enfriar, otra vez, dejo enfriar, otra… ya está.

– Son cinco veces – me dice
– ¿en cual voy? – pregunto
– ¡No sabes!... vas por la tercera, creo.
– Disculpa bonita – le digo

Me dejan con la mano envuelta en plástico y una tohalla. Mientras, puedo sentarme junto a una de las mesas y allí está un joven nuevo en la rehabilitación, tiene la mano igual que la mia envuelta en la tohalla y lee un libro. Tiene el cabello largo y lo sostiene con una cinta para el pelo. Levanta la mirada y pregunta:

– ¿qué le ha pasado a usted?
– Mira me he caido y lo particular es que me duele más esta otra mano – le digo
– ¿Y a usted que le ha pasado? – pregunto
– Me caí en una bicicleta, pero no fue muy grave, solo me rompí un dedo
– Yo me rompí tres, estos tres – le muestro en la otra mano
– Espero que se alivie rápido
– A mis años no es tan facil, también me duele la rodilla y la espalda y mire como tengo esta mano, y es la buena – le digo

Pasados unos cuantos minutos Claudia me retira la tohalla, la parafina y me dice:

– Señora, va a hacer esto… coloca estas pinzas de ropa en la canastilla y luego los retira de nuevo así hasta que le diga. ¿Me entiende?
– Si, pero me dolerá… no tengo fuerza – le digo
– Si le va a doler… pero tiene que hacerlo y depués haremos otras cosas más complicadas

Cojo una pinza roja y la intento colocar en la canastilla, bien. Luego una azul y luego otra y la siguiente. Se me caen.

– ¡Señora!... muestre como lo está haciendo – dijo Claudia mientras se acercaba
– Mire es que no puedo – dije
– Señora… usted tiene artrosis en las manos, su enfermedad está muy avanzada. A usted la lesión ya no le duele, lo que le duele es por la artrosis. El problema ahora es su enfermedad. Me comprende – me explicó Claudia.
Le contesté – hay bonita, si yo tuviera tu edad si que podría hacerlo pero ya tengo 84 años y mis manos no son lo que eran antes –
– Está bien, pero si no lo hace correctamente no mejorará. Mire le muestro. ¡Ponga atención! … vamos a mover este dedo hacia aquí, intentando hacer pinza con cada dedo. Uno a uno. Haber yo lo veo… ¡Noooo! … esto no va a funcionar – dijo ella

Yo ni le miro, ya se como es su cara y no quiero ni mirarla.

– Mejor intente hacer esto otro. Va a coger esta plastilina y la pellizca, llevando la muñeca hacia arriba… pero sin mover el brazo, solo mueve la muñeca – me indicó.
–¡Hay me duele! ¿Cómo espera que haga esto? – le pregunté
– Hágalo despacio y descanse… despacio y descanse… yo ya regreso, para ver como va – dijo ella y se alejó.

Mientras se iba alcancé a escuchar que decía: “no la soporto”.
En cuanto se fue pasé de instrucciones, ¡me dolía tanto!... pellizqué la plastilina, una y otra vez, hablé de cosas y conté historias a los que estaban alrededor. Que juventud, que hermosa es la juventud. Hablé tanto que ni me acuerdo, ¡dije tantas cosas!…

Ahora, es otro día más…
Y tengo de nuevo al frente la clínica. Paso la calle, paso a paso. Entro por la puerta y veo a Jordi y a Laia en la recepción. Siguen es sus cosas. Hace días que no me saludan. Subo por el ascensor sin espejo y camino hasta la puerta que dice: Rehabilitación mujeres.
Luego la lucha diaria con la taquilla, el bolso y la llave. Abro la puerta del fondo. Distingo las batas blancas… la rubita es Cristina, el joven es Juan, al resto ni les conozco… ¿dónde está Claudia?

– Hola Montse – me saluda Cristina
– Hola bonita, ¿dónde está Claudia hoy? – le pregunto
– Hoy estarás conmigo… Claudia ya no trabaja más aquí – me contesta

Camino hacia la silla junto a la entrada y me siento… levanto la mirada, acerco el reloj a mi cara, entorno mis ojos un poco húmedos y… se me escapa una lágrima mientras leo que son las nueve y catorce minutos…
Miro alrededor y siempre veo gente nueva. Todos hacen lo suyo, unos recostados sobre las camillas, otros en las mesas con objetos, otro en las colchonetas…
Levanto la mirada, acerco el reloj y miro la hora… son las nueve y cuarenta. Nadie me dice nada.

sábado, 24 de mayo de 2008

Principio de incertidumbre

La delgada y dulce Kithara apenas había empujado la puerta cuando se descubrió sorprendida por una imagen tridimensional que tardó en reconocer. “No todo tiempo pasado fue mejor…”. Éste fue el mensaje que pronunció el avatar del padre de McYourself, justo después de que ella entrara en el despacho. Al percatarse de que era tan sólo una antigua reproducción holográfica del fundador de Ensimisma, continuó en la búsqueda de aquellos archivos secretos encriptados, sin titubear. Kithara Compendium era perfecta para este tipo de tareas, era rápida, silenciosa y si querías saber algo debías contactarla a ella porque contaba con los medios más efectivos para la consulta de información.

Ensimisma es un gran edificio que alberga casi la totalidad del conocimiento del que dispone la humanidad. Gracias a esto las personas comunes ya no tienen que estudiar tanta información inútil como antaño. Ahora acceden a los datos mediante un dispositivo muy sencillo y de fácil manejo llamado Passover, que fue creado por Sir Arthur, un hombre de negocios e inventor cibernético. Passover es una pequeña esfera que se puede abrazar con una sola mano y hace las veces de control para la visualización y manejo de la interface que se conecta a Ensimisma. El acceso es instantáneo y automático y se realiza mediante una compleja red de comunicaciones que permite interactuar con los datos que están guardados y centralizados en el viejo edificio. Cada cerebro humano, cada persona recibe un implante al nacer que le proporciona un nexo con Ensimisma y, a través de ella, con todo el conocimiento del mundo. Este ambicioso sistema fue implementado a través de una política mundial aprobada por todas las naciones, desarrolladas y no desarrolladas, en el año 2025 bajo el eslogan: “Ahora, todo se sabe”.

La bellísima Kithara tardó sólo unos segundos en encontrar lo que buscaba. Los archivos estaban ahora en su poder y esto le permitiría poner la información al alcance de cualquiera. Si esto sucediera iba a suponer un cambio sustancial en la sociedad. Kithara sabía que no debía ser descubierta en el despacho y se dispuso a retirarse inmediatamente, pero cuando ya iba a abandonar el lugar la imagen de Sir Arthur se pronunció de nuevo: “Todo tiempo pasado fue mejor…”. Estuvo a punto de cerrar la puerta tras de sí pero el avatar continuó diciendo: “Esos archivos no deben salir de aquí”. Khitara se detuvo de golpe, aturdida y muy confusa. La voz era muy amable, muy segura, muy contundente. Revisó rápidamente el sistema y no encontró aviso de pérdida de información, ni señal de alarma de ningún cortafuego… sabía que no la habían descubierto.

El holograma continuó con su misiva y ahora era más claro. Era eso, sólo eso, un mensaje. “Por el tiempo que has mantenido la puerta abierta con los archivos en tu mano, puedo saber que no te has ido y que quieres escucharme”. Kithara lo sabía todo o mejor dicho casi todo, estaba claro, y escuchaba atenta pero todavía no quería cerrar la puerta. Sir Arthur continuó… “Anda, cierra la puerta y devuelve esos archivos a su sitio”. Kithara no podía dar fe a lo que escuchaba y no podía creer que una máquina tan antigua, como era ese holograma, lograra mantenerla impasible y cautiva en el umbral de la puerta, sin moverse. “… Anda confía en mí, estoy seguro de que querrás quedarte y escuchar lo que tengo que decirte”, pronunció muy seguro el holograma. Kithara, vacilante, cerró la puerta y se sentó en aquella silla que estaba justo en frente de la imagen de Sir Arthur, no sin antes revisar el sistema de alarmas nuevamente y los mensajes en clave del edificio y la ciudad. “Maravilloso, ahora estamos progresando. Como puedes ver, soy el avatar de Sir Arthur y estoy seguro de no conocerte, pues si estás escuchando mi imagen, ya he dejado este mundo físico y sólo permanecen mis creaciones, creaciones como ésta”. Mientras Kithara buscaba toda forma irregular de comunicación en el sistema, para no ser descubierta sin autorización en el despacho del propio hijo de Sir Arthur, el misterioso mensajero continuaba diciendo: “Sin embargo, no soy descortés y los buenos modales no son asunto que deba pasar de moda, ¿cuál es tu nombre?”. Kithara se quedó en silencio pensando en qué clase de sistema era ese y si debía pronunciarlo. “Anda chiquilla dame tu nombre, no temas, confía en mí”.

Se revolvió en su silla, sin saber cómo había averiguado que era una mujer pero de inmediato lo descubrió. El peso de su cuerpo y su contextura le permitían detectarlo mientras estuviera sentada en esa silla. “Dime cómo te llamas, no seas descortés, dame esperanzas de que el mundo ahora es mejor y la gente se entiende y resuelve sus diferencias conversando civilizadamente”. Kithara se sintió motivada a pronunciar su nombre y dijo: “Soy Kithara, mucho gusto Sir Arthur”. “Muy bien Kithara, encantado de conocerte y ahora que ya sabemos quienes somos, para poder seguir hablando, debo pedirte un favor. Quiero que dejes esos archivos que tienes en tu mano justo donde estaban”, dijo Sir Arthur con voz serena y cortés, pero demandante y rotunda. Kithara contestó: “Lo siento mucho Señor, pero estos archivos han sido solicitados por un usuario de la red y aunque Ensimisma desconocía su presencia no puedo negarme a entregárselos. Éste es mi trabajo y la razón de mi existencia”. El mensajero holográfico de Sir Artur dijo en tono muy suave y compasivo “…para continuar nuestra conversación y escuchar lo que tengo que decirte debes dejar los archivos en su sitio. Te invito amablemente a ponerlos allí y a que me escuches con atención”.

Khitara revisó el sistema por completo una vez más y ahora estaba segura, sabía que esta disertación era el protocolo correcto, que debía mantener el diálogo abierto con él… pero sentía que estaba tardando mucho en dar respuesta a su cliente y que su prestigio como la mejor y más rápida estaba ahora en entredicho. El comprador le había advertido lo difícil que podría llegar a ser el trabajo pero nunca imaginó que se enfrentaría a una situación tan absurda como ésta. Se percibía a sí misma como la mujer más eficaz en la búsqueda, codificación y administración de información. Había trabajado toda su vida para Ensimisma y no podía concebir que una artimaña antigua y caduca de un viejo loco, la dejara sin los archivos que tenía en las manos. Por otro lado, quería saber qué deseaba contarle este paradójico mensajero…

Kithara se levantó de la silla, colocó cuidadosamente los archivos en su lugar y regresó, pero se quedó de pie junto a la silla. Sir Arthur dijo alegremente: “Eres fantástica, todos los demás que han intentado llevarse esta información se han resistido a devolverla durante mucho más tiempo que tú y no me han permitido continuar con la conversación. Te ruego que te sientes de nuevo y escuches, pero antes que nada quiero agradecer tu amabilidad y disposición al diálogo”. Kithara se sentó y repuso: “Espero que lo que tenga que contarme sea tan importante como lo es para usted el secreto de esa información. De lo contrario me iré sin más y con sus archivos en mi poder”. “Espero no defraudarte” dijo el mensajero y prosiguió.

“Soy el avatar de Sir Arthur y he estado aquí desde hace mucho tiempo, en este espacio, resguardando el secreto de estos archivos. He sido diseñado cuidadosamente para no perder el legado vital de la existencia humana, la capacidad de sorpresa, la necesidad de conocimiento, el manejo de la incertidumbre, el diálogo, la conversación, el intercambio y muchas otras cosas que Ensimisma no proporciona. Represento el deseo inalcanzable de los hombres, aquello que escapa a su conocimiento y mantiene la incertidumbre del destino, aquello que aviva la esperanza… tú, no eres más que una herramienta de los hombres para encontrarme, para discutir conmigo, para persuadirme e intentar develar el secreto, lo prohibido, lo inaccesible. Siento mucho que descubras tu verdadera función en el sistema. Eres una réplica mejorada de las ya viejas y caducadas herramientas de codificación, administración y búsqueda de datos. Siento mucho no poder entregarte exactamente lo que buscas. Talvez te conformes con saber que no eres humana, que no eres aquello que creías, que has sido engañada por tus creadores para tratar de encontrar y acceder a la información de Ensimisma sin prejuicios… y, sin embargo, lo has hecho mucho mejor que otros… otros que no se han detenido en su intento de saberlo todo. Gracias por tu tiempo, por tu presencia y por sentarte a conversar conmigo hasta que decidas irte”.

Mientras la creación de Sir Arthur continuaba su discurso, Kithara intentó levantarse pero su voluntad estaba rota, su destino condicionado y su existencia perdida en un sinsentido. Quiso hablar pero no pudo. No había palabra que saliera de su boca. Trató de recobrar toda la información que había pasado por ella y se sumergió en el sistema en un último gesto por retomar el control, pero ya no encontró referencia alguna de sí misma. Se quedó allí sentada sobre la silla, inmóvil, con la vista al frente como escuchando, como viendo pero perdida y desapercibida. Sus ojos sin brillo y su cuerpo estático sufrieron un espasmo, luego otro, otro más y un corto e intenso instante de luz. Sir Arthur se quedó en silencio de inmediato.

Para Ensimisma, Kithara Compendium había desaparecido del sistema 11 minutos antes... no era un error. Ensimisma sabía exactamente dónde estaba y, al mismo tiempo, a qué velocidad se movía cada uno de sus individuos. Kithara se convirtió en una distorsión para el sistema. ¿Dónde está algo que desaparece? en el único lugar en donde el sistema no tiene control. En el fondo no hay posibilidad de encontrarla, su posición está indeterminada. Ella es indeterminación.