lunes, 16 de febrero de 2009

Velocidad variable

Aparece como un punto en el infinito de la planicie; una pequeña esfera de polvo que resplandece al sol de la mañana; una mancha que aumenta de tamaño a medida que se acerca. De su alargado cuerpo metálico, aun lejano, un aullido surge anunciando su llegada. El brazo de la barrera tiembla levemente y comienza a girar descendiendo desde su posición vertical. Se detiene cuando su extremo descansa apoyado, en el soporte, al otro lado del camino. Permanece tendida, cortando el paso, con sus franjas rojas y blancas midiendo el tránsito de la gran locomotora.

 Podríamos estar hablando del ruido ensordecedor y del vapor que brota de la chimenea y corre por sus mecanismos internos para conseguir empujar, con esfuerzo, las grandes ruedas de hierro que chirrían contra el metal de los raíles; pero nos puede su peso, nos intimida el tamaño de esa mole de hierro, el viento provocado por todo el aire que desaloja la gran máquina; el movimiento, el vértigo que aísla el exterior del murmullo de vida que proviene de su mundo interno formado por bancos de madera, maletas y pasajeros, que se desplazan por la llanura.

A su paso a la altura de la barrera, los cristales de las ventanillas dejan de reflejar el cielo y permiten observar su interior, una mirada cada vez, una rápida impresión de lo que sucede dentro antes de ser sustituida por la imagen siguiente.

A través de la primera ventanilla vemos al Sr. T, un hombre joven, quizás  no debiéramos llamarle señor, se trata más bien de un muchacho. A su lado una chica, pongamos que se llama A, pongamos que es su novia o más bien que lo era. En un arranque de furia abofetea al chico y acto seguido coge su bolsa de viaje y la lanza hacia el pasillo. T se levanta enseguida y mientras se lleva la mano a la mejilla recoge sus cosas y comienza a avanzar por entre las butacas en dirección a la cola del convoy. Por un momento su cuerpo desplazándose en dirección contraria al movimiento del tren se mantiene en el mismo lugar en el aire; sólo por un instante después la velocidad del tren lo vence y aparentemente se desplaza en sentido contrario a sus pasos y avanza retrocediendo.

En la siguiente fila hay un niño, podríamos llamarle U si este fuera un nombre adecuado para un niño. Está sentado, solo, en el banco mientras  juega con su pequeña locomotora de juguete casi igual a la que arrastra el tren. Ha oído un ruido desde el asiento delantero y por un momento levanta la vista olvidándose de sus juguetes. Reconoce ese sonido, es el ruido de una mano al impactar contra un rostro, como cuando su madre se enfada mucho, pero más fuerte. Se sorprende al observar que quién se levanta frotándose la mejilla no es un niño sino un mayor, y que no llora sino que simplemente se marcha. Un poco avergonzado deja de mirar y sigue jugando. Pasea su pequeño tren por el marco de la ventanilla. Antes de que se pierda de vista, nos da tiempo a preguntarnos si, en el tren de juguete del niño, habrá en una ventana un niño con un tren de juguete y si en este minúsculo tren hay un niño en la ventanilla con un tren infinitesimal y si en este... ¡Basta! El tren sigue avanzando a velocidad regular superando la barrera.

Otra ventanilla, otro banco, otros viajeros. V, el estudiante de ingeniería teclea frenéticamente los botones de su teléfono móvil; a su lado una chica, sería B, lee los mensajes que llegan a su terminal. Creyéndose observada toquetea nerviosamente su minifalda. Pasará algún tiempo antes de que se de cuenta que es el chico llamado V quién se los envía. No se conocen, nunca han hablado; pero lo harán. Gracias al Bluetooth.

Una cortina de color burdeos, opaca e inmóvil, cubre toda la extensión de la siguiente ventanilla y oculta a los viajeros que puedan hallarse tras ella. Nos permite imaginar innumerables posibilidades para la escena que oculta. ¿Quién viaja protegido del sol detrás de la tela? ¿Un hombre solo? ¿Una mujer sola? ¿Dos hombres? ¿Dos mujeres? Infinitas posibilidades. Un hombre y una mujer que se abrazan, escondidos de miradas tras la tela color vino del vagón de un tren que corre por la llanura. Todo esto ocurre en ese momento, justo en ese momento.

Y otra ventana sucede a la anterior, otro agujero de cristal curvado sobre la lisa superficie brillante del vagón; sin marco, sin relieve. Ahora observamos a la señora D y la Sra.  D coge de la mano a su marido mientras se queda medio dormida y a su lado el Sr. Y, su marido, con su cabello cano y la cabeza inclinada hacia el periódico se acuerda de pronto de su hijo y estira el cuello hacia arriba para comprobar si sigue tranquilo su pequeño que está sentado unas filas más adelante, jugando con su pequeña locomotora antigua de juguete.

La velocidad acelera las visiones y las imágenes son cada vez más fugaces, sólo quedan impresiones mientras el tren, veloz, continúa su paso. Una fila vacía ocupa, ahora, el espacio dejado por la anterior; una hilera libre de butacas en número par: cuatro, dos a cada lado del pasillo. Simetría perfecta y la doble transparencia de las ventanillas a cada lado del vagón que nos permite observar el paisaje al otro lado de los raíles a razón de una imagen por ventanilla, una especie de cinematógrafo ralentizado.

Un anciano encorvado va sentado en la siguiente hilera, quieto y sereno, muy quieto y muy sereno. En su boca se dibuja una sonrisa mientras rememora historias de otra época. Recuerda que su abuelo era un ferviente seguidor de la creencia popular que aseguraba que la velocidad, más allá del galope del caballo, producía la desintegración del cuerpo humano, vaporizándolo en sus más elementales partículas: los átomos y como la primera vez que montaron en un tren, el abuelo y la abuela, pensaba que iban a morir los dos y cómo descubrió, con asombro, que no se había desintegrado, para su sorpresa, ni él ni su señora. El Sr. Z apoya su peso en un bastón para poder incorporar su cuerpo hacia la ventanilla. Intenta mirar hacia el exterior con la cabeza muy cerca del cristal para poder observar más lejos, más lejos hacia adelante, hacia el futuro. 

Se diría que el tren no acabará nunca de pasar, que los vagones se funden en uno sólo. En la última fila de butacas del vagón volvemos a ver a un chico, deberíamos llamarle T otra vez,  y está allí, solo, sentado al fondo con su bolsa de viaje en el regazo, la mirada triste y el rostro enrojecido. De pronto se levanta y comienza a avanzar hacia las primeras filas. Su velocidad se suma a la del tren y se proyecta como lanzado por alguna fuerza primaria hacia adelante perdiéndose enseguida de vista, desapareciendo. Y con él se marcha el tren, termina su paso, llevándoselos a todos. 

Pasan unos segundos mientras el ruido se apaga y el polvo se vuelve a posar. El aire desplazado por la gran máquina se calma y vuelve a ocupar su espacio encima de los raíles. Cerca de las vías, donde hace siglos había una barrera metálica con franjas rojas y blancas, vemos tan sólo un pequeño dispositivo electrónico que emite un pequeño zumbido, como para dar por acabado el asunto, y muestra unos datos en su pequeña pantalla. Vibración: normal. Peso: normal.  Velocidad: 400 Km/h.

miércoles, 11 de febrero de 2009

JOAN BARRIL
Se le llama civilización, cultura, a veces religión o una mezcla de ambas. Pero el disco duro de la humanidad se basa en creencias y prácticas que jamás son cuestionables. Así se entiende que nadie, cuando aprietan las tripas, se ponga a defecar en la vía pública. Así se comprende que ningún padre pueda asistir al sufrimiento de un hijo. Así se explica que admitamos que la Tierra es redonda y es un planeta más.Cuando se nos dice que en Italia hay un gran debate sobre la muerte de Eluana Englaro no es verdad. Un debate intenta dar argumentos al contrario para que abandone los suyos. No es este el caso de la desconexión de Eluana. Sus padres, los primeros que han asistido al sufrimiento de su hija, han aceptado el diag- nóstico de los médicos, han acudido a la justicia, han esperado y solo cuando la justicia les ha dado la razón, han procedido a una carrera inhumana para encontrar un establecimiento donde su hija pudiera ser concebida como un cadáver más. Difícilmente, los partidarios de esta solución habrán dudado a lo largo de esos largos años. Para ellos, la desconexión de Eluana no era una cuestión opinable. Esos padres no pretendían invadir las conciencias de los que estaban en contra de su decisión. Simplemente estaban esperando que la justicia hablara para hacer las cosas bien.Enfrente tenían a otras personas para las que la idea de la vida tampoco era opinable. Esa gente tiene todo el derecho a creer que la vida depende de Dios y que, si Dios ha decidido encarnizarse con Eluana, lo único que pueden hacer los padres es aguantarse y esperar a que se produzca un hecho milagroso. La actitud vaticana también es comprensible. Nadie en su sano juicio aspira a que el Papa actúe contra su propio manual de instrucciones. Pero ahí está Silvio Berlusconi, un hombre que ha violentado las leyes para evitar la cárcel, dispuesto una vez más a violentar las leyes para llegar desde el Gobierno italiano allí donde no se llegaba desde el Estado vaticano.No es un debate: es la libertad individual contra el totalitarismo. Es el sufrimiento de las personas contra la exaltación de una idea. No es un debate, porque no hay nada que debatir. A un lado, los ciudadanos se han dotado de un sistema político para las cosas del común. Al otro, los creyentes se han dotado de unos valores que les dan esperanza y convicción. Que esos ámbitos no se mezclen sería lo deseable para que la política no se degrade y la religión se ennoblezca.

viernes, 6 de febrero de 2009

00:43:39

Adrián esta sentado en el sofá de su pequeño estudio, frente a su pequeña televisión, con su pequeña polla, arrugada y desinflada, aun agarrada por su mano izquierda, su mano buena. La mano goteando, parcialmente cubierta por el semen de su reciente corrida. Sus ojos abiertos como platos. Su boca entreabierta. La cinta que estaba visionando ya ha legado a su fin y en la pantalla negra solo unos números en la esquina inferior derecha: 00:43:39. Se encuentra en estado de shock después de presenciar lo que había grabado en aquella cinta.
“Luisa…”piensa.
Al rato sale de su parálisis, coge el clínex del sofá a su izquierda, se limpia la mano. Se intenta limpiar la camiseta pero solo se extiende la mancha blanca. Saca la cinta de la videocámara y, junto al clínex empapado, lo tira al cubo de basura junto a los retos de su cena menú nº2 de Kentucky Fried Chicken “con cerveza por favor”.
“Luisa. Luisita…” se dice en voz baja Adrián.
Dos días atrás Luisa está en el bar donde ha quedado con Rafa, su actual rollo. Rafa es muy bueno y atento con Luisa. Le lleva al cine, le lleva a bailar, le invita a cenar a restaurantes post-modernos, y le come el coño como no lo ha hecho nadie. Es alto, rubio, fuerte, guapo y bisexual. Luisa está muy contenta con Rafa y cuando él llega veinte minutos tarde ella no le dice nada, solo le besa.
Tengo una sorpresa para esta noche le dice él a ella. Es perfecto, yo otra le contesta ella.
Rafa, consciente de que tiene a Luisa en el bote, llevaba semanas contando fantásticas historias sobre tríos sexuales, seductores relatos erótico-pornográficos a tres y sensuales recuerdos sobre experiencias personales con dos mujeres o con una mujer y un hombre. El cerebro de Luisa reaccionó tal y como esperaba Rafa. Ella deseaba hacer un trío con él y(ésta fue su única condición) otro hombre. A Rafa le pareció una idea excelente y le prometió que viviría una experiencia que no olvidaría en la vida. Cuánta razón tenía.
Pablo entra en escena. Rafa le ve entrando en el bar y le hace una seña para localizar su posición. Le pregunta a Luisa si se acuerda de su sorpresa, que aquí llega. Se levanta y saluda a pablo con un abrazo.
Rafa y Pablo se llevan viendo unas semanas. Pensó que le encantaría a Luisa. Le comentó lo del trío. A Pablo le entusiasmó la idea, para él también sería la primera vez. Insistió en solo practicar sexo propiamente dicho con la chica, no le gustaban los hombres. “El morbo de la situación es suficiente para mi” le contestó Rafa.
Le presenta a Luisa. Luisa se sorprende mucho. Parece que le ha gustado piensa Rafa antes de disculparse e ir al servicio.
Orinando en el meadero anclado en la pared mira a izquierda y a derecha. Comprueba que no hay nadie, mete la mano bajo los huevos por dentro del slip y saca una bolsita con seis pirulas, Mitsubishis, buena mierda. Al salir del servicio pide tres Jack Daniels con coca-cola e introduce en cada una de ellas una pastillita.
“Perdonad la tardanza chicos” les dice a Luisa y a Pablo entregándoles su copas. Un par de copas más tarde la droga ya está haciendo efecto y al notar esto Rafa les lleva al 3x1.
Están bailando en la discoteca dejándose llevar. El Trance inunda sus cerebros, la droga los exprime y el alcohol corre en cada vez más cantidad por sus venas. Rafa repite la jugada del bar: mear, coger rulas bajo huevos, comprar alcohol, dopar la coca-cola dopada, etc.
Felicidad, bienestar, éxtasis, frenesí. Luces de colores, flashes y láser. Humo, calor y ritmos progresivos. Bailes que salen de dentro. Rafa está volando. Se acerca de Luisa y la besa con pasión. Luego acerca la boca de Pablo a la de Luisa. Se basan con pasión. Perfecto piensa.
Dos copas más tarde y numerosos bailes eróticos a tres, salen del 3x1 rumbo a casa de Luisa, ya que su sorpresa se encontraba ahí, le había dicho en voz baja y sensual a Rafa. “Está agradecida” pensó éste.
El salón de Luisa es en realidad el salón de su padre. Cuernos de ciervo, rebeco, muflón y, la pieza estrella, la cabeza disecada de un jabalí con grandes colmillos cuelgan de la pared. A Rafa le dan escalofríos.
Es al entrar cuando se da cuenta de la videocámara sobre un trípode que ha montado Luisa. La cámara se la prestado Adrián, su mejor amigo. Rafa y Luisa habían hablado de filmarse mientras practicaban sexo. “¡Sorpresa!” gritó ella. Es la noche de las fantasías pensó él. Luisa encendió la cámara y la televisión, que dejaba ver lo que veía el objetivo del aparato.
¿Después? Follaron claro.
Rafa se extasía mirando a Luisa chupándole el miembro, primero a él, luego a Pablo, luego a los dos a la vez. Disfruta lamiendo los pezones de Luisa mientras es penetrada estilo misionero por Pablo. Se muerde los labios al follarla por detrás mientras ella le acaricia y le lame la polla a Pablo. El éxtasis es general. Los tres se encuentran en una burbuja creada por el alcohol, la droga , la dopamina, la cámara…
Algo inesperado ocurre. Mientras Pablo penetra el ano de Luisa, Rafa ha besado a éste en el cuello. Los dos acaban besándose apasionadamente. Rafa acaba penetrando el ano de Pablo. Después Luisa le sujeta la polla a Rafa y entre ella y Pablo le humedecen aun más el miembro con la lengua, con los labios, con la campanilla. Rafa está llegando. Cuando llega el orgasmo la leche le llueve toda a Pablo en el pelo, en los ojos, la nariz, los labios… Hay un momento corto para asimilarlo todo. Luego Pablo sale corriendo a la cocina. Entra corriendo hacia Rafa con un cuchillo grande en su mano derecha, su mano buena. Rafa, sin tiempo para asimilarlo solo mira. Pablo le asesta uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis puñaladas en el pecho. Los dos están en el suelo. Rafa, muerto, Pablo, jadeando. Pasa un minuto. Luisa había salido del salón y ahora vuelve con la escopeta de caza de su padre y se planta frente a la videocámara. Apunta a la cara cubierta de sangre y semen de Pablo. Dispara una y dos veces. Ahora los dos están en el suelo. Rafa, muerto, Pablo, también. Rafa, tan rubio, tan guapo, tan bisexual. Pablo, tan homófobo, tan loco…
En realidad el pobre de Pablo estaba obsesionado. Obsesionado con Luisa, su ex. Él no había superado la separación después de cinco años de relación. Sabía que Luisa se veía con otros hombres y había conseguido, sin que ella se enterase, que éstos dejaran de verla uno a uno. Sabía que se enrollaba con Rafa. Siguiendo su táctica tradicional se hizo amigo de éste. Le odiaba como había odiado a todos y cuando le propuso lo del trío le odió incluso más que al resto. Pero aceptó para volver a acercarse a Luisa y, con suerte, volver a follársela “oh dulce Luisa”.
Quedó con Rafa en un bar popular de la city. Antes de entrar vió por la cristalera del garito a Rafa y Luisa besándose con pasión, abrazándose con pasión, “qué asco” pensó mientras le hervía la sangre del odio. Entró, saludó a Rafa y sorprendió a Luisa. Rafa se fue al baño. Luisa le dijo que se fuera, que no se metiera donde no le llamaban. Él le prometió que venía en calidad de amigo de Rafa, que él tampoco sabía nada. “vamos a pasarlo bien un rato y luego yo a mi casa y vosotros a donde os venga en gana” le dijo. A ella no le dio tiempo a responder ya que llegó Rafa con copas para todos. Más tarde la hostilidad de Luisa hacia él disminuyó.
Se fueron a bailar. Pablo siempre intentó meter su cuerpo entre el de Luisa y Rafa pero conseguían constantemente esquivarle entre risas y besarse o abrazarse. Cada vez que esto pasaba le recorría un calambre de asco por toda la columna y un choro de odio salía de su corazón. Más copas, menos odio. Más sensualidad entre él y Luisa. En un momento dado se olvidó de Rafa y acabó basando a Luisa y, algo mejor, Luisa a él.
Fueron a la casa de ella. Él disgustado por la presencia de Rafa pero tremendamente contento por la de Luisa. Llegaron volando sobre una nube. Entró en aquella casa en la que había entrado tantas veces . Todo estaba igual menos una cosa, una videocámara conectada a la tele en el centro del salón. Pensó que la inocente Luisa ya no era tan inocente, ¿cuántas pelis porno caseras habrá hecho y con cuantos hombres distintos? Una mezcla de Odio, asco y morbo le sobrevino.
Se encendió la cámara y la tele.
Lo siguiente que recuerda es a Luisa haciendo una doble felación con una polla en cada mano y las caras, de gozo la de Rafa, de susto la suya, en la pantalla de la televisión del salón. Después follaron. Primero él y Luisa mientras el cerdo de Rafa le chupaba las tetas y le besaba. Odio, rabia, morbo. Después Rafa y ella. Le miró a la cara y cada mueca de placer traía cada vez menos odio y más morbo. Ella se colgó de los colmillos del jabalí, Pablo por delante, Rafa hizo lo propio por detrás. Luego le tocó a él probar las delicias anales. Se sentía drogado. Se sentía genial, en el séptimo cielo. Luego Rafa le besó y él se dejó. Después probó otro tipo de delicias anales a los cuales se estremeció del placer. El éxtasis iba en aumento. Entre Luisa y él decidieron llevar a Pablo al Nirvana. Entrelazando sus lenguas con el glande de Pablo, acariciaban toda la longitud de su sexo con sus labios húmedos y se besaban y lamían apasionados. Luego Rafa se corrió en su cara.
Pasaron unos segundos de morbo que dieron paso a unos de desconcierto que a su vez pasaron a otros de asco, rabia y odio. Miró a la pantalla del televisor y pudo verse arrodillado ante un hombre, la cara repleta del espeso y pegajoso material genético de su enemigo, Rafa. En ese momento se odió a si mismo más que a nadie. Se levantó y se fue a la cocina a buscar la solución de todo. Primero acabaría con Rafa y luego consigo mismo. Lo primero lo hizo. A lo segundo le hecho una mano la pobre Luisa que, acto seguido, paró la grabación del video porno-snuff casero en el minuto 00:43:39, en una noche que jamás olvidaría.
D.G.F.

lunes, 26 de enero de 2009

jueves, 15 de enero de 2009

La Reina manda


El hombre del fondo no quiere morir hoy. Suda, tiene la boca seca, le late rápido el corazón, le tiemblan las manos.
El hombre más cercano siempre está dispuesto a morir pero nunca lo ha conseguido. Gracias a esto le ha perdido el respeto a la muerte y se gana la vida a su costa. Se encuentra tranquilo, tiene buen aspecto, incluso sonríe, no es un novato.
El hombre del fondo es un novato. Un “Nouveau déprimé” recién salido de una relación autodestructiva o algo que se le parezca. Esta triste y desesperado. Sigue sudando. Sigue temblando. No quiere morir hoy.
El hombre más cercano está en paz. Su aspecto delata un pasado duro, un pasado terrible, solo él sabe lo mal que le ha tratado la vida, realmente mal.
Se lanza una moneda al aire y la Reina Isabel II decide que comenzará el hombre del fondo.
Es leído el tratado que los concursantes han de respetar con las reglas del duelo y se presenta el premio que se llevará el vencedor. El hombre más cercano sonríe al oírlo, el hombre del fondo aún está afectado por el hecho de que le toque comenzar a él, ahora suda más profusamente, carraspea nervioso y tiembla de forma exagerada. Le devuelve la sonrisa tímidamente al hombre más cercano, agita la cabeza y dirige la mirada a la mesa ante la que están sentados uno frente al otro.
Es traído el instrumento del duelo. Se ofrece al hombre del fondo el cual la coge tembloroso, la inspecciona y la devuelve dando su aprobación con una nueva sonrisa nerviosa y agitación de la cabeza. Se ofrece el artefacto al hombre más cercano que la rechaza y la aprueba con la cabeza.

“Hijo de puta. El tío este no tiene miedo. Seguro que esto está amañado. Donde cojones me he metido. Me he vuelto completamente loco. Mierda, ya no hay vuelta atrás. Me cago en mi suerte. Esto es una locura…
De todas maneras vivir de esta manera o vivir sin Kate es lo mismo. Mi vida ya no tiene sentido sin ti mi vida. No soportaría verte rehaciendo tu vida con otro gilipollas. Sé que no te merezco pero tú lo eres todo para mi. Soy patético y sin ti no soy nadie. Prefiero morir aquí, ahora mismo antes de intentar una vida sin ti, me moriría de todas maneras. He decidido que viviré de esta manera hasta que la muerte decida que me ha de llevar con ella, y ese día te darás cuenta de que todo lo que te dije era verdad de que yo nunca te miento y lo que tú te tomabas como amenazas no eran si no simples verdades sobre mi naturaleza: yo estoy echo para estar junto a ti. Si Dios es tan cabrón como para separarnos entonces lo que Dios quiere es que me muera. Pues escucha una cosa Dios, tu puta madre se va a reír de mi entiendes. Te desafío. Si, te desafío a que consigo sobrevivir mucho más tiempo del que te imaginas separado de Kate. Me enfrentaré a ti cara a cara y te venceré cabrón. No me has tenido respeto y yo ya no te lo tengo a ti. Otros te halagarán pero no yo, yo te repudio, te odio tanto como ahora odio a Kate. Os odio a todos, por no respetarme, por tratarme como una mierda, por convertirme en lo que soy. Odio al hijo de puta al otro lado de la mesa y a todos los que se han reunido aquí para apostar por mi muerte. Nadie da un duro por mi, nadie me respeta. Hijo de puta te vas a llevar una gran sorpresa, te vas a tragar tus sonrisitas de chuloputas y tu puta paz interna, ¡payaso! Y todos vosotros morbosos maricones de mierda que solo queréis ver mi última humillación y de paso sacaros un dinerillo para gastároslo en whisky, puros y putas. En menudo mundo de mierda he tenido que nacer. Os vais a enterar todos. Os voy a demostrar de lo que soy capaz. Os voy a dejar a todos boquiabiertos. He retado a Dios y le voy a vencer, vais a ser todos testigos, todos vosotros vais a comeros vuestra mierda de mundo porque voy a vencer, voy a vivir y seguiré viviendo. Kate observa esto mi amor…”

El arma se carga. Solo una bala. Se revoluciona el tambor. Suena el característico “click,click,click” unos segundos hasta que deja de hacerlo. Se ofrece el revolver al hombre del fondo. El hombre más cercano mira a los ojos y sonríe al hombre del fondo. El hombre del fondo, que ya no suda, que ya no tiembla, le devuelve una gran sonrisa al hombre más cercano, coge el arma y coloca el cañón sobre su sien.
- ¡Comeos esta cabrones! - dice el hombre del fondo.
El hombre más cercano no deja de sonreír.
El hombre del fondo aprieta el gatillo, salen disparados sus sesos contra la pared a la derecha y cae fulminado contra la mesa aun con una sonrisa estúpida dibujada en la cara. Hay unos segundos de silencio.
El hombre más cercano se levanta y le es entregado un maletín negro. Se marcha y empieza el murmullo del público.
El hombre del fondo esparce su sangre sobre la mesa. No quería morir hoy.


D.G.F.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Débil

Aquí voy de nuevo, abro la puerta y me dirijo a la máquina de tabaco, mientras introduzco las monedas, Magdalena grita desde la barra del bar, ¿te pongo algo para comer, guapa?, trato de resistir, ¿podré esta vez?,cuando volteo a mirarla, no puedo evitar detallar su dentadura amarilla y escasa, sus ojos saltones bajo el flequillo desordenado, su bigote ralo, y esas tetas enormes apretadas bajo el sucio delantal… comienzo a temblar. Aunque dudo unos segundos, como siempre, termino respondiendo con un tímido: “vaale"


¡Puta máquina de tabaco! ¡Es increíble creer que sea la única en metros a la redonda! El maldito bar es horrendo, ruidoso y sucio. La comida es grasienta y maloliente, pero nunca puedo decir que no, y así ando desde hace meses. De todas formas, ¿quién podría atreverse a negarse? Correr el riesgo de que Magdalena le coja del cabello, le empuje entre sus tetas y le deje allí hasta asfixiarle. Yo no quiero morir de esa forma.


La máquina de café no para de hacer ruido, un crac crac infernal rebota dentro de mi cabeza, sale el chico de la cocina gritando !Lomo con queso! ¡Huevos con bacon! Ohh Dios, ¡que estrés! Los obreros de la barra hablan fuerte y ríen a todo gañote, uno de ellos golpea la máquina de juegos mientras grita ¡eh pepe, pideme otra cerveza! Me traen el primer plato, callos, burbújas de aceite emergen entre los pedazos enormes de cerdo, ¡uf! Cojo la cucharilla sin ánimo, mecánicamente, ¡venga va!, pruebo un poco, ¡mierda, está frío! Miro alrededor, Magdalena detrás de la barra pregunta ¡Qué guapa!, ¿A que esta bueno? Se ríe, dejando ver sus dientes y el fondo de su garganta, ¡que grotesco! Una, dos, tres cucharillas y trago ¡qué asco! Una, dos, tres cucharillas ¡jodeeeer!


Gente entra y sale, la decoración es espantosa, cuadros mal colgados en cada columna, propagandas de coca-cola, colacao y café puestas con celo en cada esquina, flores de plástico llenas de polvo, olor a fritanga por todas partes, la silla se tambalea de un lado, la mesa esta llena de migas, el suelo lleno de basura ¡puta máquina de tabaco!


Me traen el segundo, lomo con patatas, sobre un charco de grasa, refrita. Trato de cortarlo, pero se escurre el cuchillo y golpea el plato con fuerza, todos voltean a mirarme. Este lomo parece una chancla, duro y elástico a la vez, con fuerza llego a cortar un trozo, ¡venga va!, uno de los obreros me mira desde la barra, se sonríe maliciosamente, ¡Dios lo que me faltaba!, le comenta algo a su amigo, se ríen, volteo la cara hacia otro lado, tratando de evitar las provocaciones que no existen, aún así se enoja, ¡en cuatro patas tampoco me verías la cara, putón! , trago haciendo un ruido entrecortado, la pelota de carne casi me ahoga, se me escapa una lágrima, ¡jodeeer! Necesito salir de aquí.


De fondo se escucha una canción de Albert Pla, ¡no podía ser más bizarro!, un sabor a aceite de girasol recorre mi garganta, ¿Postre y café, cariño? Esta vez se para al lado de la mesa, aquel par de bolas gigantes rozan mi hombro derecho, resignada y mirando al suelo contesto: ¡vaaale! Colocan el café sobre la mesa a lo bestia, una gota gorda rebota y mitad de ella va a parar a mi camisa, ¡mieeerda!, una caña de chocolate sobre el plato, blanco y astillado, ¡Venga va! Bebo del café, que parece agua sucia, es insípido y está hirviendo. ¡jodeeer! ¡no me lo puedo creer! ¡Esto es el colmo! Un pelo, negro y enroscado, se asoma por debajo de la caña, siento un leve mareo, todo empieza a girar en mi cabeza, la gente, Magdalena y su bigote empapado de sudor, el bar se hace grande y pequeño, el ruido… me levanto bruscamente y camino deprisa hacia la caja.


_ ¿Qué te debo?
_ ¿ya te vas, guapa?
_ si, si, ¿Qué te debo?
_ Doce con treinta, corazón.


Pongo 20 euros sobre el mostrador y camino apresurada hacia la puerta.


_ El cambio, guapa.
_ Quédatelo, gracias.


Afuera, enciendo un cigarrillo, aspiro con fuerza y libero una gran nube de humo, repito el proceso 3 veces y lo tiro al suelo, lo piso con fuerza. Mientras regreso al trabajo voy pensando en ese horrendo bar, no puedo quitarme la canción del Pla de la cabeza, el obrero cachondo, todo. ¡Esto no tiene lógica! Me repito convencida, entrar, coger el tabaco y salir, es todo lo que tengo que hacer. ¿Cómo es posible que no pueda superar este miedo irracional? Ella vuelve a mi cabeza, esa dentadura, esos ojos, esas tetas asesinas. ¿a quien engaño? De repente la solución viene a mi cabeza, metí la mano en mi chaqueta, corrí hacia el basurero y tire la caja de cigarrillos. ¡Desde hoy dejaré de fumar! Ya no tendría razones para volver allí.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Saludo de bienvenida

...Hola a todos

Ya estoy por aquí!!!

Sebas, recuérdame el título please!

Un abrazo,

Laura